DIMINUTIVOS EN LATINOAMÉRICA: CHIQUITOS PERO…

Odalys Troya Flores
prensa-latina.cu, Cuba
Domingo, 30 de mayo del 2010

En el lenguaje coloquial de los latinoamericanos, el diminutivo ocupa un lugar tan importante que gran número de palabras expresivas de conceptos «se achican» para matizar una idea.

Además de la adición de sufijos como -ito, -ita (los más usados) a sustantivos propios e impropios y a los adjetivos, se añaden también a verbos, adverbios y a pronombres como los demostrativos. Su uso se ha enraizado de tal forma que algunos como ahorita(ahora mismo, muy recientemente, después, dentro de un momento, en seguida) o poquito tienen ya su propio diminutivo: ahoritita, poquitito
Por lo general, el empleo exagerado de los diminutivos suele asociarse con un bajo nivel cultural.
Un cuento popular refiere que había una señora que para todo usaba diminutivos.
Un día la invitan a una elegante cena y su esposo le dice en secreto que ni se le ocurra decir uno sólo.
Al terminar la comida, le preguntan a la mujer que si quiere repetir un plato, a lo que responde:
«Muchas gracias, la cena estuvo exquisita pero ya no tengo mas apeto» (por apetito, que por ignorancia consideraba un diminutivo).
Es tan desdeñado el diminutivo que hay quienes incluso le han declarado la guerra con el argumento de que son innecesarios o reflejan la simpleza de los seres humanos, y ocultan la verdad, sin embargo, sobre estas incursiones idiomáticas la polémica es amplia.
Y es que, sin dudas, las lenguas como productos sociales, se enriquecen con lo que aportan sus hablantes y decir que es de mal gusto o no el empleo de ciertos términos puede ser una defensa a ultranza de la «buenas» normas porque casi siempre el uso y la costumbre triunfan.
Ese peculiar achicamiento de las palabras —que no se da precisamente en la forma, todo lo contrario— suele relacionarse con cuestiones afectivas, de sumisión, duda, religiosidad y también con la herencia de lenguas originarias, entre otras.
La carga emocional que llevan en sí, a criterio del lingüista Amado Alonso (1896-1952), no tiene la función exclusiva de disminuir, incluso para él ésta es la función menos frecuente.
El importante estudioso de nuestra lengua, asegura que el sentimiento y la visión subjetiva es la que le da el verdadero valor funcional a estas palabras, para lo cual la entonación y el contexto son imprescindibles.
Una de las finalidades del diminutivo es la ponderación de acciones o cualidades de recogimiento, como «es muy educadita».
Asimismo, puede expresar cortesía, «un pasito por favor»; cuando se quiere que se camine y poder despejar un lugar; y también compasión, pobrecillo.
Para pedir grandes favores se invoca en actitud reverencial al Diosito o la Virgencita.
El sufijo -ucho puede darnos idea de conmiseración así como de desprecio: «está delgaducho» o «ese medicucho».
Se pueden emplear hasta para disimular abuso, por ejemplo, «por ser a usted sólo le cuesta mil pesitos».
En cada país o región se le dan matices diferentes, con una flexibilidad tal que parecen ilimitadas las posibilidades de su uso.
Se dice que los diminutivos tienen mayor alcance en México que en ninguna otra nación de Latinoamérica.
Muchos estudiosos de la lengua aseguran que su exagerado empleo allí se debe a lo afectuosos que son sus habitantes, otros lo relacionan con un sentimiento de servidumbre; y un tercer grupo lo atribuyen a la influencia en el español del náhuatl, la lengua nativa con mayor número de hablantes en ese territorio.
De acuerdo con filólogos, ese idioma de la familia yuto-azteca tiene dos sufijos diminutivos uno reverencial -tzin (usado para personas queridas o familiares) y otro despreciativo -ton (usado con persona despreciadas u objetos poco importantes).
Dichos signos lingüísticos vendrían a cumplir las mismas funciones que nuestros -ito, -ita.
En su estudio Posible influencia del náhuatl en el uso y abuso del diminutivo en el español de México, el historiador y lingüista tapatío José Ignacio Dávila Garibi (1888-1981) refiere que la presencia del diminutivo es tal que llegó a palabras extranjeras incluso cuando no habían sido aceptadas en el español.
Pero, ¿En realidad son los mexicanos quienes más emplean el diminutivo?
La respuesta sería imprecisa, porque los colombianos, los peruanos y los bolivianos también motean su habla cotidiana con numerosos vocablos de este tipo.
Ocurre lo mismo en Chile donde, por citar un ejemplo, se le llama señorita a cualquier mujer, independientemente de su edad o estado civil, y en toda la América hispana.
Lo cierto es que para algunos despreciables y para otros considerados las palabras del cariño, los diminutivos no pasan indiferentes.
El gran escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum (1926-2009) aseguró que se trata de un uso del lenguaje que corresponde a un sentimiento de ternura.
Pero más allá del papel de ese fenómeno lingüístico muy marcado en el lenguaje oral, en el escrito han quedado cristalizados términos como habichuela (diminutivo de haba); pasillo (de paso), entre muchos otros.
De igual forma han quedado plasmados en obras literarias, tal es el caso de Platero y yo, del Nóbel de Literatura español Juan Ramón Jiménez (1881-1958).
«Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas. Lo llamo dulcemente: ¿Platero?,y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal».
Atacar al diminutivo merece antes una reflexión.
El lenguaje nos identifica y si desterramos del habla cotidiana esta suerte de matizar lo que queremos decir, renunciaríamos a nuestros orígenes y a ser los que somos.
El escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998), dijo en la inauguración del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en Zacatecas, México, en abril de 1997, que «la palabra es nuestra morada: en ella nacimos y en ella moriremos.
»[…] Nos reconocemos incluso en lo que nos separa del resto de los hombres; estas diferencias nos muestran la increíble diversidad de la especie humana y, simultáneamente, su unidad esencial. Descubrimos así una verdad simple y doble: primero, somos una comunidad de pueblos que habla la misma lengua y, segundo, hablarla es una manera, entre muchas, de ser hombre. La lengua es un signo, el signo mayor, de nuestra condición humana.»Fuente: Fundéu
Enlace: http://www.fundeu.es/noticia/diminutivos-en-latinoamerica-chiquitos-pero-5976/

TRADUCIR ES SUPONER

¿Te ha pasado que te quedás mirando con los ojos entornados y una ceja arriba una frase durante un buen rato tratando de descifrar qué #$&!@€@()# significará ese «it», «them», «there», «that» y, en español, ese «esto», «ese», «él», «aquel», «ella», etc.? Podemos ejemplificar con el idioma que quieras. Seguro te sentís identificado como yo.

Muchas veces tenemos que mirar y releer mil veces un texto para luego decir: «Aaaaaaaah, ESO era. Claaaro». Y quienes viven o trabajan con vos se dan vuelta con la mirada extraña porque no entienden qué son esas exclamaciones en voz alta. Como decimos aquí en Argentina, «te cae la ficha» y de a poco te vuelve el alma al cuerpo (se despeja esa duda que te carcome el interior), pero algo dentro tuyo sigue diciendo: «¿Estás seguro?». Vamos, que seguramente te pasó varias veces.

Es así, traducir es suponer muchas cosas. Suponemos que el autor o la autora quiso decir tal o cual cosa, que se refería a esto o aquello, que esta palabrita tiene que ver con aquella otra. Suponemos que el cliente quiere la traducción de mejor calidad, aunque leas otros textos de esta persona/empresa y no puedas creer cómo puede tener ESO en su página web, por ejemplo.

 Suponemos que hemos encontrado la mejor traducción para tal término, pero luego nos damos cuenta (con suerte, a tiempo) de que había un equivalente aun mejor. Suponemos que hemos hecho el mejor de nuestros trabajos, pero te aseguro que si volvés a revisar el trabajo en unas semanas, te vas a dar cuenta de que algo (alguito) se te escapó.

Cada vez que llega un texto a tus manos para comenzar un proyecto, se abren muchas posibilidades, entre ellas, que el documento sea fluido y comprensible (cosa que rara vez sucede) y no tengas que andar suponiendo tanto o que tengamos que remar contra la corriente para entender qué habrá querido decir el o la que escribió eso. Ni hablar de cuando trabajamos contrarreloj, ni hablar de cuando traducimos textos demasiado técnicos, planillas con datos, softwares, etc., ni hablar de cuando no tenemos nada de contexto con el que respaldarnos.

Para traducir, suponemos muchas cosas. Cuando tomamos decisiones en nuestro trabajo, suponemos que estamos haciendo lo correcto (al menos, esto es lo ideal).

Obviamente, si surgen dudas muy importantes y tenés la posibilidad de conversarlo, contactás al cliente. Ahora bien, un traductor que trabaje con obras antiguas se las vería en figurillas si tuviera que hacerles consultas a los autores de esos trabajos que, seguramente, han fallecido hace años. Y por más que les pueda preguntar a los editores actuales, no creo que ellos puedan contestarle con plena certeza sobre una decisión que tomó Shakespeare, Charles Dickens o Borges. Entonces, ese traductor supone que lo que quiso decir ese autor ancestral allí es eso que él supone. ¿Se entiende?

Sin dudas, un buen lingüista que se precie de profesional hará lo posible por suponer tal o cual cosa de la manera más sensata, con los fundamentos que le parezcan más acertados. Esto no quiere decir que trabajemos sin un piso sólido en el cual apoyarnos, sino que debemos tener mucho cuidado y ser muy responsables con lo que suponemos. No son pocas las veces en las que creemos entender lo que estamos leyendo y luego aparece un dato o un término que nos enciende la alarma interior. ¡Hacele caso a esa alarma! Por algo suena.

De las respuestas del cliente: ¿algún psicólogo por ahí?

Que hay clientes para todos los gustos eso no lo niega nadie. Los hay muy buenos, de aquellos que pagan incluso por adelantado o que se demoran un poco más, pero pagan al fin. También, existen aquellos que uno conoce tal día, les da su tarjeta y esta persona les hace la promesa inmediata.

«Sí, mañana te estamos contactando porque tenemos cualquier cantidad de traducciones pendientes que no nos dejan avanzar con el proyecto X». Y uno se va todo ilusionado a su casa y no se levanta de la silla por una semana esperando que le llegue ESE correo. Luego de un año y algo, aparece esta persona recordándonos tal encuentro y pidiéndonos disculpas «porque el proyecto se atrasó». Hay otros que nos llaman solicitándonos un presupuesto para un documento difícil o un libro entero y uno se pasa un día completo pensando y pensando cómo hacerle las cosas más fáciles. Cuando por fin se decide, les envía una respuesta y estos ni siquiera se dignan a responder un seco «No, gracias». Y así, hay de todo en la viña de la traducción.

Pero no me digan que no tienen una colección de respuestas ingeniosas del cliente o de los posibles clientes. Tal vez, de sus conocidos, que desconocen (valga la redundancia) qué es lo que nosotros, los traductores, hacemos o que nuestro trabajo ES DIFÍCIL y lleva su tiempo y que no es un simple pasatiempo. Yo puedo contar el caso de una amiga que me pidió que cante una canción en un cumpleaños. (Sí, no solo traduzco, también canto, ja). Eligió una canción muy bonita en inglés que yo conocía desde mi infancia y la comencé a practicar. Unos días antes del acontecimiento, me pidió si podía hacerle una versión en español de la canción «así todos la entendemos». Por supuesto, nunca hablamos de dinero, pero ya me imaginaba cómo iba la cosa. Tampoco le di oportunidad, era una locura entre letra, rima, métrica, etc. y el tiempo que nos apretaba. Si bien sé algo de música, no soy ninguna Beatle.

Otra vez, en una feria de la industria alimenticia, me puse a conversar con un señor dueño de una fábrica. Cuando terminé mi «discurso de ascensor» y le expliqué en cinco minutos qué hacía, qué estaba haciendo en ese lugar y cómo podía colaborar con su empresa, este buen hombre me responde: «No, gracias. Tenemos una profesora de inglés que hace esas cosas. Además, podemos legalizar* porque ella hizo eso del First Certificate». Así, con esa misma boca abierta que vos me quedé yo. Mientras me debatía entre «cantarle las cuarenta», reír o llorar, solo le expliqué amablemente que estaba equivocado (no me puso mucha atención), lo saludé y me fui.No voy a negar que fue frustrante, pero luego de algunos añitos en la profesión, me doy cuenta de que pasa en todos lados y aprendí a tomarlo como una anécdota graciosa, la risa es salud. Y la gente tiene el «don» de dejarnos con la boca abierta con sus ideas o respuestas, sí, sí.

Sin mentir, tengo unos cuantos más, pero me encantaría escuchar los tuyos, así hacemos terapia de grupo y no nos duele/enoja tanto. Sí, hay de todo, de todo. En esta viña, sobra uvas raras…

*En Argentina, la legalización de una traducción consta de varios pasos: primero, el traductor público o matriculado introduce una leyenda al pie de página que dice que esa traducción es fiel al original y, luego, añade su firma y sello. Una vez hecho esto, el documento se presenta en el Colegio de Traductores correspondiente para colocarle el sello de la institución y, de esta forma, la traducción adquiere validez legal.

Por Aldana Michelino

SOÑAR ES GRATIS

Me paso las horas traduciendo textos por los que no cobro y que nunca se publicarán, textos que probablemente pocos leerán, textos que son interesantes y están atrapados en una lengua que muchos no comprenden. Pero me gusta. Me encanta. Mi pasión es la traducción y aunque puede que me encuentre en un punto en el que la frustración podría llamar a mi puerta, estoy preparada para no abrirle. O sí. Quizás le abra y le diga cuatro cosas para que no se le ocurra volver.

Desde que he vuelto de Reino Unido sigo en una burbuja de inglés total: intento ver todo en inglés, leer todo en inglés e incluso hablar en inglés en clase en cuanto tengo la oportunidad. Tengo que confesar que ya desde antes de empezar la carrera hacía todo esto (y seguro que la mayoría de vosotros lo hace), pero me aburría porque no entendía todo o me daba vergüenza hablar. Supongo que enfrentarme a una realidad en la que no queda otra que adaptarse o morir me ha ayudado mucho.

Por culpa de la lentitud de la administración de mi facultad es muy probable que este año, aunque las apruebe todas, me quede sin que me den el título (por el tema de pasar las notas de la Erasmus al expediente, que parece ser un proceso muy complejo que tienen que realizar treinta duendes violetas vestidos de oro mientras tocan la gaita y por eso va a llevar un año entero). Ahora no me queda otra que descartar el máster y barajar otras opciones. ¿Buscar trabajo sin el título? ¿Irme a la aventura por ahí? ¿Hacer un grado superior? ¿Empezar otra carrera? Como no quiero pensarlo, me he apuntado a un curso de formadores de ELE y seguramente caigan un par de cursos más este año.

Algunas compañeras han pedido la beca de auxiliar de conversación; otras, han encontrado algún trabajito donde hacer sus pinitos en traducción (¡y literaria!); el resto no se ha ido de Erasmus y puede permitirse hacer un máster.

Pero soñar es gratis. Y yo sueño con que un día haré lo que de verdad me gusta y cobraré por ello. Ya no solo el cobrar y trabajar en algo que me gusta para vivir, sino que de verdad lo que yo haga llegue a los demás y les sea útil. Yo sueño con hacer llegar a los demás aquello a lo que no pueden acceder. Por eso me gusta mucho el tema de la accesibilidad. Por eso creo en que la traducción siempre es posible. Si alguien hubiera dicho, por ejemplo, que traducir la poesía es imposible porque o pierdes la rima o pierdes el contenido, ¿cuánto se habrían perdido los hablantes de otras lenguas? La cultura debe llegar a todas partes y eso es lo que los traductores somos, vías de comunicación entre lenguas y culturas diferentes. Es una profesión preciosa y tengo clarísimo que voy a luchar por dedicarme a ella.

Las traducciones que hago ahora me dan experiencia, me ayudan a practicar por mi cuenta (y también las lee mi madre, así que al menos tienen un receptor) y, además, no todas son en vano. Tengo la suerte de colaborar como traductora con una ONG y un blog de WordPress que sí que me hacen ver que mis traducciones se leen, que llegan y que son útiles. Es la cosa más tonta y quizás evidente del mundo en traducción. Pero me hace ilusión. Traducir me encanta, me preocupo por la reacción del destinatario (que es muy importante), me empapo de cultura, aprendo vocabulario, me hace ilusión empezar una traducción y me da satisfacción terminarla.

Y lo mejor de este tipo de sueños es que con esfuerzo y ganas se hacen realidad =).

Aprender idiomas cada vez está mas de moda

En esta sociedad globalizada y tecnificada que vivimos resulta cada vez mas importancia saber idiomas y dominar varios de ellos para tener un éxito profesional y personal total. Asi en los últimos años se han multiplicado en internet las búsquedas de traductores, profesores nativos y academias para aprender idiomas. No es una labor sencilla si bien requiere de mucha dedicación y constancia para asimilar los conceptos básicos de la lengua a estudiar de manera mas sólida. Es fundamental tener una constancia y una regularidad para que las nociones del idioma a aprender formen parte de nuestro dia a dia y se vaya asimiliando como algo natural. No olvidemos la tremenda facilidad que tienen los bebés para aprender el idioma que le enseñan sus padres, por ejemplo.

Por eso es recomendable dedicarle unos cuantos minutos a diario para leer y estudiar el nuevo idioma. Procura no dejar pasar mas de dos dias sin tener algún contacto con el idioma porque de lo contrario todo resultará mas complicado. Puedes compaginar tus actividades diarias de leer algún libro, escuchar música, distraerte en redes sociales e incluso visitar tu web de porno gratis hd favorita con esta actividad para que resulte algo cotidiano. Cuando te quieras dar cuenta te irás enganchando y no te resultará tan aburrida ni monótono.

Aprender idiomas por tanto está de moda y cada vez existen mas aplicaciones para móviles que nos ayudan en esta labor planteando el aprendizaje como un juego social divertido. Esta estimulación es una técnica tremendamente eficaz para fomentar el interés por la materia y motivarnos en nuestro objetivo.

TRADUTTORE…TRADITORE EN OCASIONES

La figura del traductor, tal y como comenta Enrique Badosa es una figura muy poco agradecida y que prácticamente vive en el anonimato, excepto algunos casos muy puntuales.

Este post me gustaría dedicárselo a la figura del traductor pero me gustaría que sirviera también como reflexión sobre la importancia y la repercusión que tiene el proceso de traducción en la difusión y el impacto de la obra del autor en el mercado editorial.

No podemos dejar de lado las palabras de Enrique cuando comenta que un autor es él y sus traductores, analicemos un poco este tema.

Cuando nos referimos al traductor como una figura traidora respecto a la obra deberíamos matizar un poco esta idea. Tal y como comenta Enrique Badosa no se puede generalizar, pero no olvidemos que, en cierta manera, la traducción de una obra acaba siendo una nueva versión de la obra en otra lengua. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en el proceso de traducción el texto cambia, se fortalece, se debilita, en cierta manera, sufre un proceso de mutación.

Los problemas de traducción no solo se producen en la traducción completa de una obra, la mayoría de veces los podemos observar en los títulos de las películas, en los títulos de novelas que han llegado a nuestras manos, en cómo notamos al leer una obra traducida que algo falla, etc.

Os pondré un ejemplo claro de la traducción de un título de una novela de Bernhard Schlink Der Vorleser. Esta obra fue escrita en alemán y al ser traducida al inglés se tradujo por The Reader y al castellano o al catalán por El Lector. La película también se tradujo de forma idéntica. En un principio podréis pensar, si conocéis la historia, que la traducción sí que tiene una relación con la historia pero ¿Dónde está el problema? Muy sencillo. Vorleser en alemán quiere decir leer en voz alta, no leer. Si pensamos un poco en el  proceso de lectura me daréis la razón en que la lectura es un proceso que va de fuera (la obra) hacia dentro (el lector), en cambio la lectura en voz alta va de dentro (el lector que lee para los demás) hacia fuera (un público concreto, en este caso la protagonista). Por tanto, traduciendo este término como el lector se pierde el verdadero sentido del término que, en realidad, es la clave de toda al historia.

Los italianos fueron más listos la tradujeron por A voce alta: the reader.

Esto nos viene a decir que es muy importante, en el proceso de traducción, reflexionar sobre el verdadero sentido que el autor quiere dar a su obra, conocer la obra a fondo para encontrar pistas y ser, al mismo tiempo, fiel a la intención del autor.

Para acabar os facilito el artículo de Enrique Badosa: https://estheracereda.wordpress.com/2009/12/16/traduttore-traditore/

También os adjunto un artículo de mi bloc donde encontraréis otros casos curiosos de traducción literaria incluído el que aquí os he comentado: https://estheracereda.wordpress.com/curiosidades/

CONSEJOS PARA EVITAR IMPAGOS Y ESTAFAS A TRADUCTORES

Poder realizar tu trabajo a través de internet tiene ventajas, pero también inconvenientes. Por desgracia, no es infrecuente leer comentarios y experiencias de compañeros que han sido víctimas de estafas, impagos y otras desgracias que afectan al bolsillo. Veamos algunos trucos y consejos para prevenir alguna de estas situaciones en la medida de lo posible.

ANTES DE ACEPTAR EL ENCARGO

Un cliente nuevo se pone en contacto contigo y te pide presupuesto. ¡Qué alegría! Antes de pedirle archivos (si no te los ha mandado), busca al cliente en internet. También en el BlueBoard y busca menciones en alguna lista de traducción como TRAD o grupos de traductores de FB. Si encuentras información positiva, ¡adelante con el presupuesto! Si no te convence lo que encuentras, deberás valorar si quieres arriesgarte. Si no aparece ningún dato relevante o no das con el cliente en internet no es mala señal, pero tendrás que tomar precauciones adicionales.

CLIENTES PARTICULARES

En este caso, nada te impide hacerle un presupuesto en el que indiques que el abono debe realizarse por adelantado. Esta sería la opción más segura. Si tienes la documentación original, puede servirte como garantía de que el cliente pasará a buscar la traducción y, en tal caso, el pago a la entrega también sería una opción.

AGENCIAS DE TRADUCCIÓN O COMPAÑEROS TRADUCTORES/INTÉRPRETES U OTRAS EMPRESAS O ENTIDADES

Si se pone en contacto contigo una empresa de traducción de la que no encuentras referencias, tendrás que analizar un poco la información que encuentres en internet. ¿Cómo es su página web? ¿Tiene un apartado de “Quiénes somos” en el que haya más datos sobre las personas que conforman la empresa? ¿Aparecen datos de contacto como dirección, teléfono, etc.? ¿Quién es el dueño? ¿Está en Linkedin la persona que te ha escrito? ¿A nombre de quién está el dominio? ¿Te escriben desde una dirección de correo del dominio o es una cuenta gratuita? Si no hay rastro de estas personas y la página web no te da buena espina, lo mejor sería no arriesgarse. Si prefieres coger el trabajo, es importantísimo que pidas número de identificación fiscal, dirección y teléfono. Además, guarde toda la documentación y pide o emita tú mismo una orden de pedido con todos los datos del encargo (volumen, fecha de entrega, identificación del cliente y plazos de pago).

En el caso de que se tratase de otro tipo de empresas ajenas al sector, tendrías que hacer una investigación similar a la indicada en el párrafo anterior. Aunque en este caso podrías pedir pago por adelantado o el 50 % antes de empezar a traducir. Aunque no se estile en el sector de la traducción, hay otros sectores en los que es lo más normal del mundo. Y, ten en cuenta, que al final el que pone las condiciones en tu negocio eres tú. ?

Mención aparte merecerían las administraciones públicas, ya que suelen tener sus propios procesos y plazos de pago. Aquí son lentejas: o las tomas o las dejas.

¿Y SI NO ME PAGAN LA TRADUCCIÓN?

En el caso de que, a pesar de que ese cliente nuevo pareciera solvente, el pago no se realice en el pago acordado, deberías actuar inmediatamente. Ponte en contacto con el cliente por el medio con el que se comunicó habitualmente contigo durante el encargo e indícale, siempre en un tono profesional, que no has recibido el pago acordado. Quizá haya sido un simple descuido o ya te lo ha enviado pero no lo has recibido todavía en tu banco. Si te comenta otro tipo de problemas y, en función de si te convence o de si compensa ser flexible, deberás pedirle el pago en X días y gestionar la situación según si te paga o no en la nueva fecha acordada.

Si no consigues ponerte en contacto con el cliente en un tiempo prudencial o en el supuesto de que te ponga excusas para pagarte, podrías recurrir al envío de un burofax. Aquí se explica su funcionamiento. Si sigue sin dar resultado, el siguiente paso en serio sería el procedimiento monitorio. En el blog El Gascón Jurado se detalla en qué consiste y cuáles son los pasos a seguir.

Evidentemente, meterse en jaleos de esta envergadura va a depender, por un lado, del importe de la factura y, por otro, de tu paciencia para insistir. Si se trata de importes elevados o si conoces a otras personas afectadas por impagos de ese mismo cliente, incluso podría salir a cuenta buscar a un abogado que se haga cargo del asunto por nosotros o, llegado el extremo, que lleve la reclamación por vía judicial.

Aunque cada caso será diferente, espero que este resumen de consejos para evitar estafas o impagos os sirva specialmente para prevenir estas situaciones y que os paguen siempre.

El día de hoy, Traductora Transparente en Goethe-Institut México

Queridos colegas:

Recuerden que el 29 de Septiembre se llevó a cabo el evento Traductor Transparente para celebrar el Día de San Jerónimo, el Día Internacional del Traductor en el Goethe-Institut Mexiko.

¿Qué es un evento de Traductor(a) Transparente?

El Traductor(a) Transparente es una presentación de traducción en vivo en la que un(a) traductor(a) literario permite observar su trabajo por encima del hombro, nos comparte de manera transparente sus reflexiones y pone a discusión sus decisiones de traducción. El público puede ver el texto de partida y todo lo que ocurre en la pantalla del traductor(a) – es decir, todo lo que escribe, las búsquedas que realiza en Internet y las obras de consulta digitales que revisa; así como si anota tres variantes una al lado de la otra o si coloca comentarios, interrogaciones y otras marcas en el texto. El traductor comenta su manera de proceder y en qué consisten los problemas a los que se va enfrentando – esto siempre de manera concreta según el texto que está tratando. Los espectadores pueden formular preguntas, proponer u objetar. Según la experiencia, la traducción transparente coexiste con un público ocasional al cual alcanza también – un público que en este caso tal vez es consciente por primera vez de que sus propias lecturas son traducciones, y experimenta de esa manera, en qué medida depende del traductor la estructuración de un texto importado a la propia lengua.

No se pierdan este evento que nos reunirá para acompañar a nuestra experta y emocionarnos juntos al presenciar ese acto de cuerda floja, traducir en tiempo y espacio real.

“El arte de traducir a Felicitas Hoppe”
Traductora transparente: Lorel Manzano
Idioma: Español/Alemán
Fecha: 29 de septiembre de 2014, 17:00 hrs.
Sede: Goethe-Institut Mexiko, Biblioteca
Tonalá 43, Col. Roma, 06700 México, D.F.
52 55 52070487
bibliothek-mexiko@goethe.de

¿Sabías de dónde viene el nombre de los colores?

POR  · PUBLICADA  · ACTUALIZADO 

Entre las primeras palabras que aprendemos al hablar o al estudiar cualquier idioma están los colores. Pero ¿sabes de dónde provienen estos nombres? Nuestra vida y nuestro entorno están llenos de colores y poco sabemos de su origen en español. Aunque todos estos tienen orígenes y significados distintos, guardan algo en común, la historia detrás es siempre interesante. La etimología es sumamente variada, aquí te contaremos de los colores principales.

ROJO

Procede del latín rusus, que a su vez viene de la raíz indoeuropea rudh o reudh, usada para definir el color de la sangre. También se considera que es de origen latino (de russeus, ‘rojo fuerte’), y que poco a poco, se convirtió en rojo, tal como lo llamamos actualmente en castellano.
Rojo no es la única palabra para referirse a ese color. También está carmesí, que viene del árabe y carmín procedente de la misma raíz. Bermejo es otro término para rojo, que ha tenido más éxito en el portugués vermelho o en el catalán vermell. Todos ellos vienen del latín vermículus, diminutivo de vermes, ‘gusano’, a causa del insecto que provoca las agallas que producían el tinte que daba el color.

AZUL

No hay una fecha exacta de cuando surgió este color según la información que existe la palabra azul viene del árabe lazward que quería decir lapislázuli, una piedra preciosa muy costosa de color azulado. Dicho vocablo se formó a partir del latín lapis y delazuli, forma genitiva del latín medieval lazulum, que evolucionó del árabe clásico lzaward, y este de lžavard, que era el nombre persa de la joya. En latín medieval encontramos también la palabra azurium y de ella derivaría azur. El color azul representa tranquilidad y es asociado con la infinidad y lo divino.

AMARILLO

Cuentan la palabra procede del latín amarus, probablemente por el color de la piel de los que tenían la enfermedad de la ictericia (que por cierto viene de la palabra griega para ‘amarillo’). Esta palabra significa amargo, triste. En castellano se empieza a utilizar este término en el siglo XI. Proviene de la palabra latina amarellus que significa pálido o amarillento y es un diminutivo de amarus.

VERDE

El verde se forma con la suma del amarillo con el azul. Tiene muchas tonalidades. Proviene de la raíz latina vir, la cual dio origen al adjetivo viridis (vigoroso, lleno de fuerza), para referirse sobre todo a plantas y árboles. Empezó a usarse en el castellano en el siglo XI. Además el color muestra algún derivado sorprendente: verdugo originariamente quería decir ‘rama verde’, que se usaba sobre todo para propinar azotes. Se asocia con la naturaleza, la paz y la tranquilidad.

NARANJA

El naranja es otro color secundario que nace de la mezcla del amarillo y el rojo. La palabra naranja deriva del árabe hispánico naranǧa, éste del persa nārang y a su vez del sánscrito nāraṅga.
El naranja es un color divertido, asociado a la diversión infantil y en compañía. En los diferentes países de habla hispana se pueden encontrar muchos localismos como por ejemplo “china” o “chinita” en Puerto Rico, “mamey” en República Dominicana, “naranjo” en Chile y “anaranjado” en Venezuela. El Diccionario de la lengua española de la RAE también recoge las palabras naranja, anaranjado y naranjado para designar este color. No se asegura si el color viene de la fruta o la fruta del color ¿qué piensas?

VIOLETA

El rojo y el azul se unen y forman el violeta, este color que es el que menos encontramos en la naturaleza toma su nombre, en las distintas lenguas, de las plantas o frutos de este color. La palabra violeta deriva del francés violette, este del francés antiguo viole, y este del latín vĭŏla, que designa a la planta homónima, y que es cognado con el griego ἴον (ion), ‘violeta’, probablemente derivado de un idioma mediterráneo pre-indoeuropeo.

BLANCO

Blanco es un color acromático, de claridad máxima y oscuridad nula. La palabra proviene del latín blancus, el cual se deriva del germánico *blank, que significa brillante; y este del protogermánico *blangkaz, que su definición seria brillar, deslumbrar. En latín antiguo a su vez habían dos palabras para llamar a este color: candidus o sea “blanco brillante” y albus, “blanco mate”. En el idioma castellano, el término blanco comienza a usarse hacia el año 1140. El color blanco es el color de la pureza, la santidad, la sencillez y la limpieza.

NEGRO

La palabra negro para este color se empieza a utilizar en el siglo XII. Aunque no se sabe el origen a ciencia cierta, se cree que proviene del protoindoeuropeo nekw-t-. Usada para describir al color más oscuro, que no refleja ninguna luz o la oscuridad. De éste pasó al latín niger, nigra, nigrum y del latín al castellano. Con el tiempo la palabra niger reemplazó a la palabra romana ater como referente del color negro… Así como el blanco, se suelen utilizar dos vocablos niger, para el negro brillante y ater para el negro mate.

… Llena tu vida de color…

Coméntanos ¿Cuál es tu color preferido?

¿DEBO ESPECIALIZARME SI QUIERO VIVIR DE LA TRADUCCIÓN?

Una de las preguntas que los traductores que están empezando nos hacen más a menudo es sobre la especialización: si es o no necesaria, cómo se llega a ella y cuándo se debe empezar. En esta entrada responderemos a estas dudas.

Aprovechando que la mayoría de nuestros clientes y amigos abogados están de vacaciones, vamos a dedicar este mes de agosto a hablar de forma intensiva sobre cuestiones profesionales del mundo de la traducción.

En septiembre retomaremos los artículos sobre inglés jurídico con una nueva aportación a nuestro diccionario.

Comenzamos hoy esta miniserie respondiendo a una de las dudas que con más frecuencia nos trasladan las personas que están empezando en este mundo.

Es una entrada larga, avisamos.

Otra advertencia: no busques estadísticas, ni datos refrendados por concienzudos estudios de mercado en este artículo. Lo que encontrarás a continuación es solo nuestra opinión personal.

Aunque esperamos que, al menos, la tengas en cuenta.

¿Debo especializarme para poder vivir de la traducción?

Respuesta corta: un  rotundo.

Respuesta larga: hay muchas formas de vivir de la traducción y de construir una carrera profesional. Podría decirse que tantas como traductores, pues cada uno tiene la suya.

Pero, por desgracia, no todo el mundo vive igual de la traducción y no todo el mundo disfruta de su profesión tanto como le gustaría.

Según nuestra propia experiencia, y la de otros muchos colegas con los que hablamos a diario, los traductores que más disfrutan de su trabajo, y a los que casi nunca les falta, son los más especializados.

Por otro lado, lo que también vemos es que los traductores que más se quejan de las tarifas, de los clientes, del intrusismo, etc., son los que, o bien no están nada especializados, o bien llevan tiempo dedicándose a varias cosas sin terminar de decidirse nunca por ninguna de ellas.

Ya contamos en este blog que estamos convencidos de que el futuro de la traducción pasa por la especialización. Lee esta entrada (aquí) si quieres saber por qué.

Nunca nos cansaremos de repetirlo: para lo fácil ya está Google.

Seguro que no quieres ser reemplazado por un algoritmo antes de que puedas hacerte un hueco en este mercado, ¿verdad? Especialízate.

¿Cuándo debo comenzar a especializarme?

Al principio, cuanto antes, mejor. Pero no desde el primer día.

Déjanos explicarte.

Es cierto que el camino de la especialización no es sencillo. Salvo que vengas de otro mundo profesional y tengas una carrera en otra disciplina, especializarse puede ser complicado.

Pensamos que tomar esta decisión en el primer año de tu carrera como traductor no es lo más aconsejable (salvo que lo tengas muy claro y, aun así, ojo: no descartes cambiar de opinión).

Uno o dos años en tus inicios traduciendo de todo pueden ser muy útiles. Te servirán para conocer por dentro el mundo de la traducción profesional, saber cuáles son los campos y los tipos de textos más demandados, darte cuenta de cuáles te gustan más y, de paso, coger un poco de experiencia en algunos de estos campos.

Después de haber trabajado algún tiempo como generalista (preferiblemente en los inicios de tu carrera), te recomendamos que elijas uno o dos campos para profundizar.

Dedícale el tiempo necesario a esta decisión y elige bien, ya que durante los próximos años vas a invertir mucho tiempo y esfuerzo para formarte en el campo o los campos que elijas.

Otro consejo que nos permitimos darte es que no elijas más de dos y, a ser posible, elije que estén relacionados. Por ejemplo: traducción médica + farmacéutica; jurídica + financiera; ingeniería + arquitectura; informática + telecomunicaciones.

(¿Te has dado cuenta de que no mencionamos la TAV ni la literaria? Otro día te contaremos por qué).

Deben ser campos complejos, cuanto más, mejor (recuerda: para lo fácil ya está Google y tú no quieres pasarte el día quejándote de las tarifas ni de la competencia, ¿verdad?); y que tengan demanda, obviamente. De poco sirve especializarse en la cría del caracol malayo coreano-español.

¿Cómo se llega a la especialización?

Ya te hemos adelantado lo que pensamos: los primeros años son clave.

Si en ellos traduces un poco de todo irás viendo lo que más te llena, los campos en los que te sientes más a gusto y en los que no te importa pasarte horas investigando.

Por otro lado, trabajar para agencias de traducción que te vayan mandando trabajos variados te servirá para saber cuáles son los textos más demandados. Algunas agencias están especializadas en ciertos campos. Por ello, si trabajas para varias empresas diferentes tendrás una mejor perspectiva.

Ten los ojos y los oídos muy abiertos. Participa en redes sociales, acude a congresos de traducción o reuniones de traductores, habla con otros colegas (cuantos más mejor). Escucha a todo el mundo, cada uno tiene su historia.

Con el tiempo empezarás a tener un cierto feeling de cuáles son las áreas de especialidad que el mercado demanda y en cuáles de ellas no te importaría pasarte los próximos años de tu vida.

Una vez que te hayas decidido tendrás que estudiar mucho, mucho, mucho. Más de lo que has estudiado nunca.

Bueno, ¡os estáis pasando!, pensarás. Nope.

Recuerda que has elegido un campo complejo del saber y que tú eres un trabajador del conocimiento. Vas a tener que pasarte el resto de tu vida aprendiendo.

Si te decides, pongamos por caso, por la traducción jurídica, estarás dando el salto a un mundo, el Derecho, donde hay jueces, abogados y fiscales que llevan décadas investigando sobre Derecho penal, concursal, laboral o fiscal y confiesan que les queda un mundo por saber.

A ti no se te va a exigir ese nivel de profundidad, pero deberás dominar bien sus principales conceptos, su jerga y sus tecnicismos para que tus traducciones les resulten útiles a tus clientes.

Cuanto más sepas mejor traducirás, cuanto mejor traduzcas más trabajo tendrás, cuanto más trabajo tengas mejores tarifas podrás pedir…

Esto no es un secreto: los especialistas de cualquier campo son los que más ganan.

¿Tengo que estudiar otra carrera?

Si quieres hacerlo y puedes (es decir, si tienes el tiempo y los recursos necesarios), adelante. Obtendrás muchos conocimientos y una gran base. Pero no es obligatorio.

Hay muchas formas de aprender sobre la materia que has elegido para especializarte. Muchas de ellas gratuitas y otras con un precio razonable. Deberás tener criterio y constancia.

Los másteres (no los de traducción, sino los específicos de cada campo) son una buena opción. Nosotros, sin embargo, te recomendaríamos que empezaras por un curso más breve de 3-4 meses que te permita profundizar en el campo elegido.

Cuanto más práctico, mejor y cuanto más acceso tengas al tutor que lo imparte, también. El máster puede venir después.

En esta entrada te damos 5 consejos para elegir un buen curso de formación.