LA TRADUCCIÓN JURÍDICA Y EL PROBLEMA DE LOS DICCIONARIOS

¿Te has planteado alguna vez lo difícil que es encontrar los equivalentes de algunos conceptos jurídicos anglosajones? ¿Has tratado de buscar en un diccionario y la respuesta ha sido decepcionante? No es nada raro. Los diccionarios no tienen todas las respuestas. En esta entrada te explicamos por qué.

Hace unos meses asistimos a un congreso de traducción jurídica.

Una de las ponencias más interesantes estuvo a cargo de los autores de dos diccionarios jurídicos bilingües.

Y su intervención comenzó con esta sorprendente y reveladora cita.

Que podría traducirse (libremente) por:

La traducción jurídica es un campo en el que los diccionarios tienen una utilidad limitada. De hecho, en algunas ocasiones pueden resultar francamente engañosos. La razón es que los diccionarios tratan de ofrecer como traducción un equivalente directo y muy raras veces, si es que lo hacen, aportan una explicación de la traducción.

La cita es de Walter Cairns y Robert McKeon, y aparece en su libro Introduction to French Law. No hemos podido leer todavía ese libro, pero, a juzgar por la clarividencia de sus autores, tiene que ser un gran libro.

Es posible que se pueda decir más alto, pero no es posible decirlo más claro.

Se trata de un problema al que nos enfrentamos todos los traductores jurídicos antes o después.

Qué pasa con los diccionarios

A nosotros nos gusta decir que los diccionarios no tienen todas las respuestas. Aunque pensemos que sí. Con frecuencia los traductores y los juristas acudimos a ellos desesperados buscando el equivalente preciso de un término que acabamos de descubrir.

Y, claro, no lo encontramos.

Ya sean diccionarios en papel o en línea, la mayoría de ellos ofrecen muy poco contexto y muy pocas opciones para traducir determinados términos, al menos los diccionarios jurídicos bilingües que nosotros conocemos.

Estos recursos están bien para entender el significado de palabras sencillas, unívocas o muy consolidadas. Pero no suelen ser útiles en lo que se refiere a términos polisémicos y que se emplean de forma diferentes en distintos campos del Derecho (cosa, por otra parte, bastante habitual).

Tal vez por esto los diccionarios tradicionales tienen cada vez menos sentido.

La falta de equivalencia de los sistemas jurídicos

¿Por qué pasa esto especialmente en el campo de la traducción jurídica?

Si bien es cierto que cada campo del saber tiene su propia complejidad, también lo es que muchos campos técnicos solo presentan diferencias terminológicas al pasar de un idioma a otro. Dicho con un ejemplo: un engranaje es un engranaje, en los Estados Unidos, en Japón o en Argentina. Solo es necesario encontrar el término equivalente en cada lengua.

Con la traducción jurídica, sin embargo, pasa algo diferente. Los traductores y los juristas nos enfrentamos a una dificultad añadida y, es que, cada país tiene su propio sistema de leyes que responden, además, a su propia tradición jurídica (también llamadas «familias del Derecho»).

Cada tradición ha evolucionado, normalmente, de una forma distinta y ha dado lugar a una serie de conceptos y palabras que le son propias y que, en bastantes ocasiones, no existen siquiera en otras tradiciones fuera de ella.

Por eso, los traductores jurídicos sentimos muchas veces que estamos comparando peras con manzanas. Nuestro trabajo no resulta nada sencillo.

Lo anterior no debe entenderse, ni mucho menos, como una queja. Al contrario. La dificultad resulta de lo más estimulante y nos permite investigar en Derecho comparado desde un punto de vista lingüístico y conceptual. De esa investigación salen la mayoría de los artículos que puedes encontrar en este blog.

El problema es que los diccionarios no pueden recoger en un espacio limitado la explicación detallada que merecerían la mayoría de sus entradas. Por ello, se limitan a ofrecer 3 o 4 posibles opciones sin aportar una explicación sobre cómo o cuándo emplearlas.

Primero entender, luego traducir

La traducción de textos jurídicos inglés-español se caracteriza por ser un claro ejemplo de lo que acabamos de comentar. Los documentos jurídicos redactados en inglés suelen pertenecer a la tradición jurídica denominada Common Law, mientras que los redactados en español corresponden a una tradición distinta denominada romanista o de Derecho romano-germánico.

Cuando tratamos de traducir un documento del inglés al español o viceversa, da igual la dirección, con frecuencia nos encontramos que no es posible trasladar un concepto de una lengua a la otra, pues sencillamente no existe.

A esa conclusión llegamos algunos, pero solo cuando entendemos bien de qué se está hablando en el documento. Pues, cuando no lo entendemos y elegimos al azar una de las 4 opciones que nos da el diccionario tenemos un 75 % de probabilidades de equivocarnos y solo un 25 % de elegir la correcta. Y ya sabemos lo que le gustan a Murphy estas situaciones.

La única manera de acertar, pues, es seguir estos dos pasos:

  • Primero, entender bien el concepto o los términos complejos a los que nos enfrentamos. Para eso hay que documentarse y estudiar bien los campos más importantes de la cultura jurídica de partida y de la cultura jurídica meta.
  • En segundo lugar, debes emplear algunas de las estrategias de traducción más habituales (extranjerizar, familiarizar, acudir a una traducción explicativa, u otras similares). En cada caso encontrarás que es posible emplear una combinación de varias de ellas.

Si eres jurista o traductor jurídico te recomendamos que no te la juegues. Consulta diferentes fuentes, documéntate bien, trata de entender primero el concepto que tienes entre manos y busca después la traducción más adecuada. Te adelantamos que muchas veces la perfección es imposible.

Tanto los traductores como los revisores se equivocan y qué hacer cuando sucede

En mis más de 10 años de experiencia trabajando como traductor y revisor, he visto un montón de fallos, empezando por los míos.

Sin embargo, hay quien cree que los revisores nunca se equivocan y que siempre saben más que los traductores, y a veces pasa justo lo contrario.

Si ya nos ponemos a hablar del ego de muchos traductores, que no toleran que les hagan cambios aunque esté justificados… Pues ya ni te cuento.

Todo esto y mucho más te lo cuento en el vídeo de hoy. ?

20-08-2018 POR 

Acrónimos y abreviaturas más usadas en las Redes Sociales

Acrónimos y abreviaturas más usadas en las Redes Sociales

La gran mayoría de las personas usamos las redes sociales, y empezamos a compartir ciertas abreviaturas o acrónimos por rapidez o comodidad. Vamos a ver esas palabras o conjunto de letras y su significado… Ante nada déjame explicarte por si no lo sabías, que se abrevian RR.SS., te explico se colocan dos RR y dos SS porque siempre se usan en plural, algo así como EE.UU. (Estados Unidos) o RR. HH. (Recursos Humanos).

¿Conoces el significado de las abreviaturas más utilizadas en Twitter, Instagram y en el resto de las Redes Sociales? ¡No vuelvas a perderte en ninguna conversación online! Sigue leyendo y entenderás.

@: Arroba, se utiliza para dar mención a un usuario en las redes sociales, en este caso tendría que ir junto al nombre del usuario.

AMA: Ask me anything, es usado cuando es el público el que hace las preguntas en lugar de un entrevistador.

B/C: Because, abreviatura porque.

BFN: Bye for now, hasta luego.

BNW: Black and White, se utiliza como etiqueta para compartir imágenes en blanco y negro.

DM: Direct Message, se refiere al envío privado de mensajes.

FA: Follow Always, este es de los más recientes que se han incorporado a la lista y es muy parecido al FF, con la diferencia de que este te sugiere seguir a algún usuario.

FB: Facebook. Es la red social más utilizada. En ella, puedes conectar con personas que conoces o que quieres conocer y seguir las páginas de diferentes empresas para estar al día de sus novedades.

FYI: for your information, se usa mucho en el correo electrónico y quiere decir ‘para tu información’. O si quieres compartir algo pero no esperas que nadie responda y sabrán que el mensaje es solo informativo y no hace falta que hagan nada al respecto.

F4F: Follow For Follow, quiere decir que si sigues esa cuenta, te seguirá a ti también, o si lo utilizas tú, que te comprometes a seguir a todo aquel que te siga.

G+: Google+. Esta red social puedes crear círculos para organizar tus contactos según el criterio que consideres.

GTG: Got to Go, si estás manteniendo una conversación online y tienes que irte rápidamente, sin tener mucho tiempo de dar excusas, esta es la abreviatura que debes utilizar.

HTH: Hope that helps, se usa habitualmente cuando se responde a una duda o consulta de otro usuario y esperas que sirva de ayuda.

IG: Instagram. Es una de las redes sociales más utilizadas. En ella puedes compartir imágenes, vídeos cortos o historias.

ICYMI: In case you missed it, por si lo has olvidado usado cuando se quiere hacer mención a algo que ya se envió.

IHDK: I honestly don’t know, si no sabes la respuesta a algo, puedes utilizar esta. Y ser sincero para decir realmente no lo sé.

IMHO: In my humble opinion, cuando deseas dar tu opinión o comentario. Muestra que lo que escribes no es necesariamente un hecho, sino lo que tú piensas.

IRL: In real life, cuando haces mención a algo que sucede o sucedió en la vida real.

LMLT: Look my last tweet, se utiliza cuando quieres llamar la atención sobre el último tweet que has publicado, porque quizás la solución a alguna pregunta está ahí.

L4L: Like for Like, quiere decir y con la que te comprometes a dar un like a la cuentan o persona que le de like a tu foto o vídeo.

LI: LinkedIn. Es una red social, creada para fomentar la interacción entre profesionales.

MT: Modified Tweet, se usa para para indicar que has modificado el contenido de un tweet.

NP: No problem, se utiliza para indicar que nos parece bien lo que se nos está diciendo y no tenemos problema.

NSFW: Not safe for work, se utiliza sobre todo para advertir a otras personas de que la información no es segura para verla en tu lugar de trabajo, porque su contenido es delicado o inapropiado.

OH: OverHead, el contenido se basa en un rumor.

PM: Private Message, es un término que se utiliza para la comunicación que no es pública, es decir, mensajes privados o personales.

PRT: Partial Retweet, es otra forma de indicar que el tweet original ha sido modificado.

PRT: Please Retweet, otro uso de esta sigla para solicitar que por favor den difusión al tweet en cuestión.

PLZ: Please, abreviatura de ‘por favor’. Obviamente, se utiliza para pedir un favor a alguien.

QT: Quote Tweet, cuando solo citas una parte de un tweet.

QOTD: Quote of the day, para hacer relevancia a la frase del día.

RT: Retweet, es cuando compartes es tu cuenta de Twitter lo publicado por alguien más y le haces mención.

RTRL: Retweet real life, que transcribe información escuchada en una conversación off-line, es decir fuera del mundo virtual.

TL: Timeline, nos referimos a la página principal de nuestras redes sociales.

TR: Tumblr. Es una red social de microblogging en la que puedes publicar textos, imágenes, audios, citas, vídeos, GIFs y enlaces.

TT: Trending topic, se refiere al tema del momento, tendencias en Twitter. Los términos más comentados por los usuarios. Pueden ser palabras sueltas, grupos de palabras o etiquetas.

TMB: Tweet me back, una forma de solicitar respuesta a un tweet.

TMI: Too much information, la utilizamos cuando queremos expresar demasiada información o que nos han contado demasiadas cosas en un periodo de tiempo breve.

THX / TY / TKS: Thanks, obviamente, se utiliza cuando quieres agradecer algo.

TW: Twitter. Es una red social, en la que puedes compartir contenido corto y directo, con imágenes, vídeos o enlaces.

WA: WhatsApp. Es una red social de mensajería instantánea, en la que puedes hablar con tus contactos, enviarles imágenes, vídeos, PDFs y GIFs, etc.

WYL: Whatever you like, cuando no quieras decidir y pasar la responsabilidad a otro.

YT: YouTube. Es una red social, en la que cualquier persona puede compartir sus vídeos de cualquier temática, ver los vídeos de otros usuarios y comentarlos.

 

Y aquí los que se usan más en conversaciones con amigos o familiares…

ASAP: as soon as possible, te comprometes a algo pero para otro momento y con esta abreviatura queda claro, que lo harás apenas puedas.

BAE: Before anyone else, es muy utilizado en las redes sociales para expresar amor y cariño para decir en pocas palabras lo importante que esa persona.

BFF: Best friend forever, una abreviaturas más utilizada entre los adolescentes cuando deseas expresarle a un amigo o amiga que es especial.

FML: Fuck my life, no es realmente una bonita abreviatura, pero sí muy utilizada y significa que asco de vida.

LOL: Laughing out loud, utilizamos esta abreviatura cuando consideramos algo realmente gracioso, significa algo así como riéndome a carcajadas.

LMAO: Laughing my ass off, esta expresión puede sonar un poco más grosera, es algo así como me parto el culo de risa. O sea, algo extremadamente gracioso.

NTW: Not to worry, cuando algo no tiene tanta importancia como para suponer una preocupación.

OMG: Oh my God, expresión muy popular también para expresar asombro. Ay dios mío, oh dios mío.

PIR: Parent in room, mi padre o mi madre están en la habitación.

ROFL: Rolling on floor laughing, si queremos ir más allá aun, podemos utilizar esta expresión que indica ‘rodar por el suelo de la risa’. Con esto estaremos expresando que no podemos parar de reír.

WTF: What the f…, cuando algo nos asombra y nos desconcierta a la vez. Muy popular para expresar sorpresa ante algo inesperado o muy llamativo por raro, surrealista o sorprendente. Sería como decir qué demonios.

XOXO: estas siglas indican que está mandando muchos besos y abrazos. Es una forma cariñosa y fácil de despedirte de una persona o de expresar esto.

YOLO: You only live once, cuando se suben fotos de momentos divertidos se utiliza esta abreviatura acotando de solo se vive una vez.

 

Por ahora realmente espero todas estas palabras o abreviaturas te sean de mucha utilidad. También puedes revisar el post sobre los acrónimos o abreviaturas utilizadas en el mundo de los negocios. ¡Hasta pronto!

Redacción de contenidos web: guía definitiva para ser un buen copywriter

Muchos traductores profesionales, además de traducir, también escriben y generan contenidos. El conocimiento extenso y profundo de distintas lenguas y, además, de variadas disciplinas y temáticas, permite que el traductor profesional redacte desde cero textos para diversos clientes que necesitan ayuda a la hora de, por ejemplo, crear su web, redactar los artículos de sus blogs o diseñar la estructura y el contenido de su material publicitario online. Esto también se conoce como copywriting.


Ser copywriter, ¿qué es?

Escribir contenidos para un cliente no es tarea fácil. Ni tampoco ser un buen copywriter web. Mucha gente cree que sí, que basta con sentarse un rato delante de la pantalla y dejar caer las manos sobre el teclado con un par de ideas en mente y, ¡voilà! Las frases, la estructura, el mensaje, las palabras adecuadas… todo sale solo, simplemente por quererlo. Y si encima pensamos que el objetivo, además de escribir, es hacerlo con cabeza (teniendo en mente un mensaje concreto, una intención publicitaria, una estrategia de posicionamiento, un destinatario concreto, ¡uf!), ¡todo se complica aún más! La redacción de contenidos web entonces se convierte en una dura tarea y el fin (retener y seducir al lector) en un objetivo inalcanzable.

Por tanto, ¿qué es un copywriter? El buen copywriter es el redactor de contenidos que, además de saber escribir con absoluta corrección, conoce bien al cliente, sus requisitos, sabe adaptarse a sus necesidades comerciales y, sobre todo, es capaz de transmitir la información teniendo todas estas variables en cuenta buscando su máxima eficacia.


Manos a la obra: ¡a por el copywriting!

Pongámonos manos a la obra. No hace falta escribir el Quijote, pero sí hay que enfrentarse a los molinos de viento. Para ello, os propongo una breve guía de redacción de contenidos web con algunos consejos que podéis tener delante a la hora de escribir contenidos y que os ayudarán a no perder de vista lo importante, seáis traductores profesionales o no. Tened en cuenta que esta guía es, eso, breve, y que en ella se resumen de forma muy esquemática los puntos principales que no conviene olvidar cuando escribimos para otros.


Antes de afrontar la redacción de contenidos web…

Hay que hacer un análisis desde dos puntos de vista: el de la marca, el producto o la empresa para la que escribimos, y el destinatario al que va dirigido el contenido en cuestión. En lo que respecta a la marca, hay que conocer su DAFO, es decir, hacer un análisis de sus debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades. ¿Para qué? Para evitar mencionar las debilidades y destacar al máximo las fortalezas, por ejemplo. Y en lo que respecta al destinatario, hay que saber qué quiere, qué necesita y cómo vendérselo, a fin de afinar al máximo a la hora de darle forma a nuestro mensaje. No olvidemos que el copywriting abarca, principalmente, la tarea de redacción publicitaria.

Una vez hecho este análisis, diseñemos la estrategia de nuestro contenido mediante la definición del objetivo que perseguimos (fidelizar clientes, conseguir suscriptores, generar ventas, aumentar la autoridad de la marca, etc.), de la temática (para ello puedes acudir a herramientas de búsqueda de tendencias, como Buzzsumo, por ejemplo) y, por último, de las tácticas para promocionar el contenido.

¿Tienes ya tu idea clara sobre qué sí, qué no, para quién y sobre qué? Pues cojamos lápiz y papel… bueno, más bien cojamos el teclado.

¡Con las manos en el teclado!

Ya metidos en faena, conviene tener claro lo que sí y lo que no. Por ejemplo, entre las cosas que sí:

– Ortografía y gramática impecables.

– Texto ligero; ni largo, ni corto.

– Empleo de palabras positivas: beneficio, es mejor, progreso, éxito, valioso.

– Estilo directo (pide de forma directa, sé breve y conciso).

– Efecto emocional: busca la empatía, conectar con tu destinatario.

– Efecto WOW: haz que tu destinatario no se olvide de ti.

– Uso de imágenes y/o vídeos: adorna tu texto.

– Estructura tu contenido: usa párrafos, listas, enumeraciones… articula tu contenido y dale una estructura que oriente al lector a través de él.

Y entre las cosas que no:

– Nada de expresiones del tipo el mejor servicioel más novedoso del mercado, profesionales a su servicio, el más barato… esto se ha dicho ya muchas veces y, además, probablemente no sea verdad. ¡Es copywriting del antiguo!

– Sé comedido con las imágenes: no intentes compensar la ausencia de texto con un exceso de imágenes de apoyo, ¡es tan malo el exceso como el defecto!

– No te enrolles con un lenguaje demasiado especializado: a cuantos más llegues, mejor, así que no crees un contenido demasiado farragoso ni técnico, a no ser que tu contenido vaya dirigido exclusivamente a un público muy concreto de forma intencionada.

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Además de escribir contenido para mi web… ¿Tengo que optimizarlo?

Si, además de redactar, hay que tener en cuenta la estrategia SEO que se esté llevando a cabo e inyectar palabras clave, conviene tener en mente algunos consejos más:

– Pon palabras clave en la URL del artículo, en el título H1 del artículo y a lo largo del contenido.

– Usa titulares H2, H3 y H4.

– Utiliza la negrita para resaltar (algunas) palabras clave.

– Extensión mínima de documento: 450 palabras.

– Usa enlaces internos que redirijan a otras partes de la web, con un anchor text que contenga la palabra clave del artículo o sección a la que enlaza.

– Incluye metaetiquetas (metatitle, metadescription, metakeywords).

– Añade iconos para compartir en redes sociales.

– Añade otros artículos o contenido relacionado adicional en forma de enlaces, al final del contenido.

Ten en cuenta que estos son solo algunos consejos básicos para una buena redacción de contenidos web y que redactar un texto de calidad y bien estructurado es la clave de captación de cualquier público. Al final, lo principal es que tu contenido sea útil y mantenga el interés de tu destinatario de una forma natural. A partir de aquí, todo es adorno. Aunque a un texto bien aderezado y que aparezca bien situado en las búsquedas nadie le hace ascos, ¿verdad? ¡Así que adelante, carga la pluma y conviértete en un buen copywriter!


por Sandra Lara, Directora de Producción

¿Miedo a la traducción automática?

Por Valentín Barrantes, Director de expansión y estrategia

Parece que cada vez que en la profesión se habla de traducción automática suenan unas cuantas alarmas, ¿no os parece? Queramos o no, aunque el uso de determinados traductores automáticos parece haberse extendido, desde el propio traductor de Google a cualquier otro traductor web automático o tecnologías similares, en el sector de la traducción se sigue hablando de ello con temor. Pero, ¿realmente estamos ante una verdadera amenaza?

Hablemos claro. Todos los avances generan recelo, y aquello que lleve el adjetivo automático aún más. Esto mismo sucedió en su día con las tecnologías de traducción asistida por ordenador (TAO), muchos lo recordaremos hasta con una cierta nostalgia. Sin embargo, con el paso del tiempo, la mejora en los resultados de los sistemas de traducción automática y la necesidad que el mercado muestra ante esta tecnología hará que la confianza se vaya logrando poco a poco.

Hoy día, la tan cacareada «globalización» ha provocado que la cantidad de contenido que se genera a diario sea enorme, variada y con un crecimiento exponencial…y ante este panorama, muchas empresas e instituciones necesitan (o desean) que este contenido esté disponible en varias lenguas, casi, casi en tiempo real. Aquí las claves son los idiomas, la inmediatez y la calidad. Para abarcar la traducción de todo este contenido, literalmente, no hay manos humanas que sean capaz de abarcarlo…y dudo también que recursos económicos suficientes que la mayoría de las empresas se puedan permitir ante un escenario tan prolífico y dinámico. Por todo ello, la integración de la traducción automática en el proceso de trabajo de cualquier empresa de traducción profesional, creo, que no tiene freno…es necesario agilizar el proceso y reducir los costes…sí o sí.

Ante el reto de desarrollar el mejor traductor automático, Google se ha situado a la cabeza con una de las soluciones de mayor difusión digital: Google Translate. Sin embargo, es necesario saber que hay numerosas empresas, universidades y grupos de investigación dedicados a perfeccionar la tecnología de traducción automática desde diversos puntos de vista y con resultados que cada vez muestran un mayor consenso.

Pero, ¿qué nos depara entonces el futuro a los traductores en lo que a tecnologías de traducción automática se refiere?

En mi opinión, por lo que respecta a la traducción de gran parte del contenido digital dinámico, será necesario integrar los sistemas de traducción asistida por ordenador con los sistemas de traducción automática a fin de que el proceso se agilice y satisfaga las necesidades del mercado; alcanzar la combinación perfecta en cuanto a calidad e inmediatez será lo esencial. En cuanto a la traducción de contenido especializado(siempre con salvedades y casuística), las TAO seguirán siendo la tecnología principal para los traductores profesionales, si bien estos sistemas incorporarán la traducción automática como ayuda durante el proceso.

El traductor humano no será fácilmente sustituible y me atrevo a decir que jamás lo será, sin embargo, la tecnología seguirá evolucionando y habrá que adaptarse a nuevas realidades y formarse adecuadamente para poder realizar diversas tareas.

A los traductores dedicados a la localización y la traducción de contenido digital os digo que la postedición de contenido producido mediante traducción automática deberá convertirse en la nueva aliada, más que en la imbatible enemiga. Tanto es así, que subirse al caballo de la tecnología de traducción automática pronto resultará imprescindible, ¿o no?

Errores de traducción que marcaron la historia

Nunca subestimes el poder de un traductor. Un traductor es quien te permite leer El principito en tu propio idioma; un intérprete es quien pone voz a Obama en reuniones con líderes extranjeros; una intérprete es quien guarda el secreto de lo que hablaron Trump y Putin en su reunión a puerta cerrada; pero un traductor puede ser también recordado por un error en su versión capaz de cambiar la historia (o, al menos, la actualidad).

Este martes se ha conocido que, en la demanda presentada por el expresident Carles Puigdemont contra el juez Pablo Llarena por vulnerar supuestamente su presunción de inocencia, se alteraron las declaraciones del magistrado al traducirlas del español al francés. Concretamente, la frase condicional “si es que ha sido así” (esas fueron las palabras de Llarena) pasa a convertirse en la afirmación “sí, así ha sucedido” o oui c’est ce qui s’est produit en francés, el idioma en el que lo leerá el jurado de Bruselas, donde se presentó la querella contra Llarena.

El coordinador de la defensa de los políticos independentistas encausados en el procés, Gonzalo Boye, lo ha achacado esta mañana a “un error de traducción” y en ningún caso a una intención de falsear las palabras del juez, como apuntan algunos.

Boye ha recordado que se trata de una traducción jurada, y estas van selladas y firmadas por un profesional acreditado. Precisamente por eso sorprende tanto un error tan burdo: en francés, el ‘si’ condicional se dice como en español, mientras que el ‘sí’ afirmativo es ‘oui’. Sería como confundir en inglés un ‘if’ por un ‘yes’. Además, como señala el profesor francés que llamó la atención sobre este error en Twitter, en la traducción al francés se añade un “et” (“y”, en español) antes de la polémica frase oui c’est ce qui s’est produit para reforzar la afirmación.

En cualquier caso, e independientemente de si el error fue o no intencionado, no sería el primer ejemplo de malas traducciones memorables por cambiar, en algunos casos, el rumbo de la historia. A continuación, una muestra de ellas:

El detonante de la bomba atómica

GETTY IMAGES
El domo de la bomba atómica de Hiroshima, el único edificio que sobrevive hasta la actualidad.

El 26 de julio de 1945, las potencias aliadas publicaron la declaración de Potsdam, un ultimátum a Japón donde exigían su rendición. De lo contrario, se enfrentarían a una “pronta y total destrucción”, decía la amenaza. Kantaro Suzuki, primer ministro japonés, convocó entonces una rueda de prensa para responder: “Sin comentarios. Seguimos pensándolo”. El problema es que Suzuki usó la palabra mokusatsu, que puede significar “sin comentarios” o “lo ignoramos y lo despreciamos”. Y eso fue lo que entendieron los aliados. Diez días después, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Jimmy Carter y su deseo sexual

Cuando el presidente de Estados Unidos visitó Polonia en 1977, su amistoso discurso hacia el pueblo polaco adoptó un tono sexual gracias a las palabras de su intérprete, que, en lugar de expresar “he venido para conocer vuestras opiniones y escuchar vuestros deseos de futuro”, dio a entender que Carter sentía deseos sexuales por los polacos. También tradujo lo feliz que estaba Carter con su visita a Polonia por un “feliz de ver las partes privadas de Polonia”.

Los canales de Marte

GETTY IMAGES/SCIENCE PHOTO LIBRARY RF
Recreación de la superficie de Marte.

En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli hizo una de las primeras descripciones del planeta Marte. En ella hablaba de “mar”, “continente” y “canales” (canali, en italiano). Y entonces se montó una buena: esos canales (que en realidad eran estructuras naturales como gargantas o cañones) fueron entendidos como construcciones artificiales realizadas por los marcianos para transportar agua. Así lo defendió en 1908 el astrónomo norteamericano Percival Lowell, desatando la locura por los marcianos, a pesar de que se trataba de un error.

Moisés, el cornudo

El patrón de los traductores, San Jerónimo, es también culpable de uno de los errores más sonados y reproducidos a lo largo de la historia. A él se debe que durante muchos siglos las esculturas y pinturas representaran a Moisés con cuernos. El santo, que tradujo la Biblia del hebreo y el griego al latín (la Vulgata, el texto oficial de la iglesia católica entre 382 y 1979) confundió ‘karan’ (radiante, en hebreo) por ‘keren’ (cornudo), dado que el hebreo no emplea vocales.

GETTY IMAGES/EYEEM
Moisés, esculpido por Miguel Ángel, en la basílica de San Pietro in Vincoli, en Roma.

El camello que pasa por el ojo de una aguja

El de Moisés no es el único error de la Biblia. Los profesores de Griego suelen comentar como anécdota que la frase que supuestamente pronunció Jesús para alertar a sus discípulos de los peligros de la riqueza —”es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”— en realidad es fruto de un error de traducción. El texto griego, que fue traducido al latín, usaba la palabra ‘kamilos’, que es una soga gruesa o maroma con la que se amarraban los barcos. Pero San Jerónimo lo entendió como ‘kamelos’ (“camello”), cosa que a priori parece mucho más inverosímil.

BONUS: El error de comunicación que aceleró la caída del Muro

En este caso no se trata de un error de traducción, sino más bien de una falta de comunicación que trajo grandes (y positivas) consecuencias para la población alemana, que durante 28 años vivió separada por un muro de 156 kilómetros y casi dos metros de altura: el Muro de Berlín. Fue el 9 de noviembre de 1989 cuando, en una rueda de prensa emitida en directo, el portavoz del Politburó de la RDA, Günter Schabowski, leyó un comunicado que daría lugar a la caída inmediata del muro. Schabowski desconocía el contenido del documento, por lo que lo interpretó a su manera. “Se podrá viajar fuera de la RDA sin condiciones previas…”, declaró. En ese momento un periodista le preguntó a gritos “¿cuándo?”, y el dirigente respondió: “Según entiendo yo… inmediatamente”. En pocos minutos, ya estaba en televisión la noticia de que la República Democrática Alemana abría esa noche sus pasos limítrofes. La población de Berlín Este no esperó ni un instante para echarse a las calles en masa y derribar esa frontera, hasta entonces infranqueable. El portavoz, consciente de su error y temeroso de represalias, sintió “un alivio inmenso” al ver que los acontecimientos se desarrollaban de forma natural. “No estalló la violencia. No hubo disparos. No hubo heridos”, escribió en sus memorias. O, al menos, así se tradujeron.

¿Una mala traducción colocó cuernos en la cabeza de Moisés?

Muchos traductores están familiarizados con la controversia sobre la traducción que dio origen a los cuernos de Moisés. Su traductor, conocido como San Jerónimo, se dedicaba al análisis bíblico, el debate teológico, la correspondencia y la traducción pero se ganó un lugar en la historia principalmente por sus traducciones y revisiones del Antiguo y Nuevo Testamento.

San Jerónimo tradujo estos textos del original en hebreo, y tenía la humildad suficiente para admitir su ignorancia y revisar trechos de sus traducciones cuando parecía que había cometido un error. No obstante, su traducción de la Biblia al latín fue reconocida por el Concilio de Trento como la versión oficial y, al presente, San Jerónimo sigue siendo un traductor y estudioso de la Biblia reconocido mundialmente.

La controversia en cuestión se refiere a un trecho del texto del Exodus 34. En la versión original en hebreo, se puede leer idiomáticamente que, al descender del monte Sinaí, el rostro de Moisés emanaba rayos de luz. Sin embargo, la misma expresión que significa “rayos de luz” también significa “cuernos” dependiendo del contexto. Y en lo que algunos consideran una mala traducción, San Jerónimo prefirió utilizar este último significado.

El resultado de este posible error fue un Moisés con cuernos en la Vulgata, traducción oficial al latín de la Biblia. Como una lección para estudiantes de traducción y también de arte, Miguel Ángel introdujo esa imagen en nuestro inconsciente colectivo al crear la escultura de Moisés en 1515 basándose en la traducción de San Jerónimo (lo mismo hicieron otros artistas contemporáneos).

Más recientemente, algunos eruditos han intentado justificar esta transgresión de San Jerónimo al citar el simbolismo de glorificación y poder que tenían los cuernos en la época. Con esta explicación, la luz que emanaba del rostro de Moisés y los cuernos estarían alineados en el mismo significado.  Asimismo, algunos artistas, como José de Ribera en su interpretación de 1638, han intentado combinar visualmente los rayos de luz y los cuernos para que sean esencialmente lo mismo.

Los estudiantes de traducción pueden aprender con esta controversia que siempre deben buscar el significado detrás de las palabras, sin desestimar el contexto histórico.

Posted On diciembre 26, 2012 By Transpanish

Las cualidades básicas del buen traductor

Isabel García Cutillas

Hace unas semanas, una lectora de este blog, Andrea, me planteó en un comentario una serie de preguntas que ya me han formulado anteriormente muchas otras personas y que son fruto de la incertidumbre y la inseguridad (normales, por otro lado) que suelen atenazar a los que quieren estudiar o dedicarse a la traducción, pero no saben cómo funciona esto ni si se les dará bien. Andrea, en concreto, me preguntaba si se puede estudiar Traducción sin tener un buen nivel de español o sin conocer otro idioma extranjero aparte del inglés, si se puede mejorar el español a lo largo de los años de estudio, si puede ser contraproducente ser ansiosa y aislada y si esta profesión requiere grandes dosis de capacidad comunicativa cara a cara. En resumen, ¿qué cualidades debe tener un estudiante de Traducción o un traductor profesional?

Empecemos por el principio, por lo básico, obvio y elemental: un traductor o estudiante de Traducción debe conocer, como mínimo, una lengua extranjera y su propia lengua materna. Esta afirmación puede parecer una perogrullada, pero lo cierto es que muchas veces, los estudiantes o traductores noveles no son del todo conscientes de lo que eso significa realmente y es habitual que cometan dos errores: creer que en la carrera aprenderán el idioma del que quieren traducir y, lo que es peor, olvidar que conocer su propia lengua materna a la perfección es tanto o más importante que tener un buen dominio del idioma extranjero en cuestión.

En cuanto al primer punto, hay que tener muy claro que la carrera de Traducción no es un curso para aprender inglés, francés, alemán o chino; su objetivo, en principio, es que los alumnos aprendan a traducir, por lo que la lengua B (la primera lengua extranjera, la lengua de la que uno traduce principalmente) ya debe venir aprendida de casa. Dicho de otro modo: se espera que el alumno ya tenga cierto nivel de su lengua B para poder superar la carrera. Entrar, por ejemplo, en traducción de alemán sin tener ni idea de alemán es una garantía de sufrimiento y, en última instancia, si el alumno no se pone muchísimo las pilas para alcanzar el nivel requerido, de fracaso. Los cuatro años de estudios sirven para que el estudiante perfeccione su lengua de trabajo, no para que la aprenda desde cero. No sucede lo mismo con las segundas y terceras lenguas extranjeras (lenguas C y D), sobre todo si son idiomas raros o exóticos, en cuyo caso sí se suelen impartir desde el nivel más básico. No obstante, no hay que perder de vista que el nivel que se necesita para traducir un idioma es muy alto y ese nivel, en el caso de las lenguas C y D, no se alcanza en cuatro años de carrera (menos aún si se trata de idiomas como el japonés o el chino), por lo que se requerirán varios años más de esfuerzo y trabajo aparte si el alumno quiere llegar a traducir dichas lenguas.

En cuanto al segundo punto, no hay peros que valgan: saber traducir (bien) pasa inevitablemente por saber redactar a la perfección en tu lengua materna. Si no se te da bien escribir, si no conoces tu lengua materna en profundidad, dedícate a otra cosa, porque por muy bien que entiendas el texto original, jamás podrás producir un texto de destino de calidad. Es un error creer que ser hablante nativo de un idioma te capacita automáticamente para traducir a ese idioma.¿Acaso ser capaces de correr nos convierte automáticamente en campeones de atletismo? Y es que dominar el español no significa solo saber dónde poner las tildes, sino también cómo usar adecuadamente las mayúsculas y las minúsculas, las cursivas o los signos de puntuación, tener un léxico rico y una expresión fluida, saber cómo utilizar la lengua en cada situación y contexto; en definitiva, estar al día de todas las normas gramaticales, ortográficas, ortotipográficas y de estilo del idioma, o conocer las fuentes de consulta adecuadas para resolver las dudas que tengamos (al fin y al cabo, ningún profesional lo sabe todo). Parte de ello se aprende en la carrera, pero se trata de una tarea de actualización, aprendizaje y perfeccionamiento constantes a la que debemos prestar atención durante toda nuestra vida profesional.

Esto entronca con otras de las cualidades que ha de tener un buen estudiante de Traducción o traductor profesional: curiosidad y capacidad autodidacta. En una profesión en la que se manejan textos de todo tipo y en la que es recomendable especializarse y reciclarse para no quedarse estancado y obsoleto, tener ganas de aprender y saber hacerlo por tu cuenta es fundamental. Informática, técnicas de venta y comunicación, DTP, finanzas, medicina u otras especialidades…: los ámbitos en los que puede y debe formarse un traductor para mejorar sus habilidades y el servicio que ofrece son casi infinitos. El traductor es, literalmente, un profesional hecho a sí mismo, porque no le queda más remedio. Si él no se mueve, nadie va a venir a moverlo.

En conclusión, esta es una profesión para gente independiente y con empuje, perseverante, paciente y disciplinada, entre otras muchas cualidades. Si necesitas a alguien que te diga qué hacer o que te saque las castañas del fuego, si te estresas con facilidad o te dejas llevar por el desánimo a las primeras de cambio, si no te atreves a relacionarte con los compañeros de profesión, quizá la traducción no sea tu camino.

Donde dije «dijo»

Para mi cumpleaños unas amigas me regalaron el libro Las brujas de hoy no necesitan escobas para volar de Elisa Mayo. Me juraron y perjuraron que no era una indirecta, que conste. El caso es que, a pesar de que la prosa era fresca y divertida y es de esas historias que no requieren mucha atención, había algo que me fastidiaba. Os pongo algunas frases escogidas al vuelo de las primeras páginas:

—Y deja de decir palabrotas, por favor —sentencio.

—Mamá, por favor… —me quejo.

—Ni mamá, ni momó —le riño con la boca llena.

—A mí me da igual que me insulten —interviene Adrián.

—¿Otro con un palo metido por el culo? —rebufa Deva.

—Le hace falta una mano de modernización —expone Lourdes.

—Si hubieras aceptado el puesto de directora, no tendrías que trabajar ese día —se burla. Qué gracioso.

—Mamá, estoy afuera —aviso.

—Eh, ni se os ocurra —les advierto.

¿Os ha pasado como a mí? A lo mejor soy muy tiquismiquis, pero esos verbos de habla o dicendi me suenan más a intentos de evitar el verbo «decir» que a otra cosa. Ser preciso está muy bien, pero en este caso a mí me ralentiza la lectura. De algún modo creo que estamos bastante acostumbrados al «decir» y no nos molesta tanto una repetición. Una cosa es que solo uses este verbo y otra que intentes buscar sinónimos constantemente.

Además, fijaos en este fragmento de contestaciones sucesivas:

—Os voy a dar pal pelo —amenazo.

—Tú y ¿cuántas más? —se burla el rubio.

¿No os parece que los verbos de habla son superfluos? Es repetir machaconamente una misma idea. «Dar pal pelo» ya nos sugiere amenaza, aunque cómica, y la respuesta es socarrona de por sí. ¿Qué ganamos con la puntilla?

Recuerdo haber leído hace tiempo un artículo de un bloguero norteamericano que decía (contaba, explicaba, sugería, defendía) esto mismo a raíz de una infografía que corría por aquel entonces titulada «Said is dead». He buscado un poco y he encontrado algunos artículos más sobre el tema:

«Before my most influential college writing class, I LOVED to end dialogue with words like questionedgrumbledor stammered. I thought I was being original and unique. I thought I was making my novel stand out from all those writers who stuck to said and asked».

Porque eso parece en un principio, ¿verdad? Vamos a darle color al texto, que no quede tan soso ni repetitivo. En el fondo, es como si quisiéramos demostrar cuánto vocabulario tenemos.

En esta entrada, Shelby da tres motivos para explicar por qué dijo no está muerto:

  1. Said es más corto y conciso. Cuando la longitud es importante, mejor guardarse las palabras para desarrollar a un personaje o detenerse en una descripción. Y si está en un subtítulo ya…
  2. Los lectores están acostumbrados a said y, por lo tanto, cualquier variante los ralentizará. ¿Veis? Como me pasó a mí. «As a reader, when I see a bunch of dialogue and I know who is speaking, I rarely bother to read the dialogue tag. I want the words. I want the action. As a writer, if readers aren’t going to read the dialogue tag, it can be a waste of time and energy to think of another word other than said».
  3. Cambiar said no tiene tanta fuerza como cambiar el diálogo. En lugar de poner todo tu empeño en cambiar ese said o ese dijo, da un mayor golpe de efecto captar el tono o el sentimiento de las palabras en el diálogo en sí. Por ejemplo:

“I tried to tell you. But you sent me to my room.” I stammered.

“I tried…I tried to tell you. But you…you sent me…you sent me to my room.” I said.

En la primera, no sabes que el personaje tartamudea hasta que lees la frase entera y puede que tengas que releerla, incluso. En la segunda, experimentas el tartamudeo al leer la frase y el diálogo tendrá más empaque.

¿Y qué tiene que ver esto con la traducción? Pues todo, porque parece que nos veamos obligados a traducir esos said con repuso, convino, arguyó, defendió, masculló y un largo etcétera por variar y por dejar bonito el texto y no siempre hacen falta florituras. Como ya sabéis, todo depende del contexto, pero son muchas las tipologías textuales que no necesitan esta profusión de sinónimos porque acaban entorpeciendo.

Luis Magrinyà, en la página 53 de su Estilo rico, estilo pobre. Todas las dudas: guía para expresarse y escribir mejor (Debate, 2015), lo explica muy bien: «En resumen, se tiende a confundir la disponibilidad con la sinonimia. Tenemos la sensación de que así nuestro estilo es más “rico” y “expresivo”. No vemos que lo que estamos haciendo en realidad es delatar nuestro gusto por el floripondio, o las rémoras de nuestras redacciones escolares, al anteponer la profusión a la exactitud —recia característica de la literatura patria— ¡incluso en una acotación der diálogo! Tampoco parece que nos demos cuenta de que el recurso continuado al uso de presuntos sinónimos “para variar” acaba siendo tan cantoso como si hubiéramos repetido infamemente unos cuantos dijo».

Hablando de verbos de habla cantosos, Magrinyà da algunos ejemplos muy bestias:

—Bastante tiempo ha vivido usted gratis —rebuznó el administrador celoso.

—Y si quieres más —mugió el intruso […]—, ¡toma! ¡Y toma!

—¡Pero si no ha sucedido absolutamente nada, mi querido señor extranjero! —trinó Celeste.

—¡Yo no! ¡Yo me quedo! —bramó Leonardus desde su camarote.

—¡Cállese, vieja! —ladró de vuelta el militar.

Podría extenderme más, pero os recomiendo fervientemente que le echéis un ojo a este libro, puesto que encontraréis algunas fórmulas para evitar errores y pulir el estilo de vuestros textos, sean traducciones o no. Así seguro que (y me incluyo) nos lo pensaremos dos veces cuando recurramos a verbos como espetómasculló y similares o, por lo menos, investigaremos bien cómo usarlos y no redactaremos un híbrido como el que Magrinyà nos presenta en su libro:

Aquél se sintió molesto y le espetó entre dientes:

—¿Pasa algo?

¿Cómo podemos espetar (soltar, decir algo con brusquedad y contundencia) y mascullar (hablar entre dientes o pronunciar mal las palabras de modo que casi ni se entiende) a la vez?

En definitiva, la riqueza léxica está muy bien y es algo que en este blog he defendido muchas veces, pero evitemos los floripondios innecesarios.

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Cerebro de intérprete

FONTE

El cerebro es un órgano con miles de millones de células nerviosas, neuronas, y al menos el doble de células gliales. Está dividido en dos mitades o hemisferios unidos por el cuerpo calloso. Cada hemisferio se divide en cuatro lóbulos: lóbulo frontal (encargado del movimiento, razonamiento, resolución de problemas, memoria, emociones y lenguaje), lóbulo parietal (implicado en la percepción y reconocimiento de estímulos táctiles, la presión, la temperatura y el dolor, manipulación de objetos, conocimiento numérico y lenguaje), lóbulo temporal (encargado de la percepción y reconocimiento de estímulos auditivos y olfativos, equilibrio, coordinación, memoria, reconocimiento de caras, emociones), y lóbulo occipital (implicado en la percepción e interpretación de estímulos visuales y reconocimiento espacial).

Pero además, hay unas áreas del cerebro que desempeñan una función especial para el procesamiento y producción del lenguaje: el área de Broca (que se ocupa de la producción del lenguaje articulado) y el área de Wernicke (que se ocupa de la comprensión del lenguaje). Y es que el lenguaje es una de las funciones cognitivas más complejas del ser humano que ha fascinado a científicos y legos en la materia por igual. Las últimas investigaciones indican que hay regiones de la corteza cerebral (la circunvolución temporal superior para el procesamiento morfosintáctico –sección anterior–, la integración de la información sintáctica y semántica –sección posterior–, la circunvolución frontal inferior y área de Brodmann para el procesamiento sintáctico y memoria de trabajo, la circunvolución frontal inferior para el procesamiento sintáctico y memoria de trabajo o la circunvolución temporal media para el procesamiento léxico semántico) y regiones subcorticales (como el putamen y el núcleo caudado) que desempeñan un papel esencial en el procesamiento del lenguaje.

Sobre el bilingüismo se ha escrito mucho, el equipo de la Dra. Alice Mado Proverbio de la Universidad Milano-Bicocca, por ejemplo, ha realizado numerosos experimentos y publicado artículos al respecto, y ha visto que el aprendizaje de un idioma en la niñez altera de manera significativa la estructura del cerebro.

Pero lo que me fascina son los estudios, más recientes, sobre el proceso de interpretación simultánea, una tarea cognitiva extremadamente más exigente y que supone un excelente modelo para analizar las bases neuronales del control lingüístico y cognitivo extremo, y de la plástica cerebral. El grupo de la Universidad de Ginebra liderado por Barbara Moser-Mercer y Narly Golestani llevan tiempo utilizando imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) para observar el cerebro de los intérpretes. Parece ser que no existe una zona única del cerebro dedicada en exclusiva a controlar la interpretación; la interpretación se lleva a cabo gracias a la intervención de múltiples áreas, y las áreas del cerebro que controlan el proceso son generalistas, no especializadas. Muchas de nuestras capacidades más sofisticadas son posibles, no gracias a regiones especializadas del cerebro dedicadas a tareas específicas, sino a la velocísima coordinación entre las áreas que controlan las tareas más generales. Tareas tales como el movimiento y el sentido del oído.

Una de las principales áreas cerebrales implicadas es el área de Broca, conocida por el papel que desempeña en la producción del lenguaje y en la memoria de trabajo. También existen dos regiones del cuerpo estriado, el antiguo núcleo del cerebro, responsables de la función de gestión ejecutiva: el núcleo caudado y el putamen. El núcleo caudado no es un área especializada en el lenguaje; los neurocientíficos lo saben por el papel que desempeña en procesos como la toma de decisiones o la confianza. Es más bien una especie de director de orquesta, ya que coordina la actividad de muchas regiones del cerebro para producir comportamientos sorprendentemente complejos.

Los últimos estudios indican que la actividad interpretativa de alguna manera modifica nuestro cerebro; parece ser que hay un mayor volumen de materia gris en la corteza frontopolar izquierda, y en particular, el área 10, de los intérpretes. La corteza frontopolar está vinculada con procesos cognitivos muy complejos como la planificación, la introspección, la memoria retrospectiva y prospectiva, la disociación de la atención y resolución de problemas que implican tareas simultáneas. Increíble y extremadamente complejo. Si os pica la curiosidad como a mí, os dejo esta relación de artículos que he recopilado para empezar a meternos en harina:

Becker M., Schubert T., Strobach T., Gallinat J., Kühna S. (2016). Simultaneous interpreters vs. professional multilingual controls: Group differences in cognitive control as well as brain structure and function. En: NeuroImage, Vol. 134, pp. 250-26.

Geoff Watts, G. (2014). The amazing brains of real-time interpreters. Traducción al español.

Hervais-Adelman A., Moser-Mercer B., Golestani N. (2015). Brain functional plasticity associated with the emergence of expertise in extreme language control. En: NeuroImage, Vol. 114, pp. 264-274.

Hervais-Adelman A., Moser-Mercer B., Golestani, N. (2014). The neuroscience of simultaneous interpretation. En: In other words: the journal for literary translators, No. 44, pp. 60-63.

Hervais-Adelman A., Moser-Mercer B., Michel C.M., Golestani, N. (2014). fMRI of Simultaneous Interpretation Reveals the Neural Basis of Extreme Language Control. En: Cerebral Cortex.

Hervais-Adelman A., Moser-Mercer B., Murray M.M., Golestani N. (2017). Cortical thickness increases after simultaneous interpretation training. En: Neuropsychologia.

Proverbio A.M., Adorni R. (2011). Hemispheric Asymmetry for Language Processing and Lateral Preference in Simultaneous Interpreters. En: Psychology, Vol. 2, No. 1, pp. 12-17.

Rinne J.O., Tommola J., Laine M., Krause B.J., Schmidt D., Kaasinen V., Teräs M., Sipilä H., Sunnari M. (2000). The translating brain: cerebral activation patterns during simultaneous interpreting. En: Neuroscience Letters 294, pp. 85-88.

Van de Putte E., De Baene W., García-Pentón L., Woumans E., Dijkgraaf A., Duyck W. (2018). Anatomical and functional changes in the brain after simultaneous interpreting training: A longitudinal study. En: Cortex.