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¿Cómo se subtitula profesionalmente? (I) (Las cosas claras…)

En primer lugar, debo señalar que esta entrada se dirige más al público en general que a los profesionales de la traducción, que sin duda ya habrán escuchado batallar a los traductores audiovisuales acerca de las (surrealistas) condiciones en las que subtitulamos y entienden nuestra problemática de ausencia de referencias y restricción de caracteres a la perfección.
Por otra parte, no pretendo aquí sentar cátedra sobre lo que se hace y cómo se hace. Esta entrada se basa en mi experiencia profesional como subtituladora freelance, que no es sino una pequeña parte del pastel del subtitulado hacia al español (de España) de títulos (muy) comerciales para cine y DVD.
Largo y tendido se ha hablado sobre el subtitulado amateur o fansubbing (si os interesa, os recomiendo leer estoestoestoesto y esto), y más numerosos y acalorados aún son los debates doblaje vs. subtitulado. Ambas cuestiones me entusiasman por varios motivos; quizá es porque creo que todas las opciones pueden convivir en paz y armonía, y son necesarias. Para mí es como debatir si debe desaparecer la mandarina porque se parece a la naranja y además es más pequeña. Cada modalidad tiene su finalidad y, si bien siempre tendremos una preferencia personal, la pluralidad hace que nuestro oficio y nuestro servicio llegue a más usuarios. ¿La traducción no se trataba de comunicar mensajes entre individuos que no se entienden?
Del fansubbing a la práctica profesional del subtitulado (o “los que no cobran” vs. “los que cobran”)
La ciencia avanza que es una barbaridad. Y con ella la tecnología. Y con ella nuestras ganas de ver lo que sea antes que nadie y comentarlo en Twitter rozando el spoiler. Aquí es donde entra un segundo debate: ¿calidad o inmediatez? Me atrevería a decir que, gracias a la difusión del fansubbing y a la incorporación de estudiantes de titulaciones relacionadas con los idiomas y con los conocimientos técnicos necesarios, que ven en esta práctica un campo de pruebas donde adquirir experiencia (y sentirse realizados, claro que sí), la calidad del subtitulado amateur mejora a pasos agigantados.
I want it all and I want it now!
Sin embargo, el público no siempre valora el esfuerzo de estos (no) profesionales, que recordamos trabajanpor amor al arte de traducir, y aprietan las tuercas cada vez más, con lapidarias expresiones como estas (extraídas de Twitter):
A ver si los traductores se ponen las pilas con los subtítulos que ya me estoy bajando el nuevo capítulo de XXX.
Alianza para unos traductores de peliculas decentes
 
o la mejor, sin duda:
Estos pinches traductores de películas están por la verga. ¡Por la verga, les digo!
Como pequeño recordatorio al público interesado, no por mucho apretar el subtítulo es más temprano…
Por suerte, parece que yo, al cobrar por mi trabajo, pertenezco al elitista grupo de los “intocables” para la audiencia. Mentira cochina. Si en el fansubbing critican la calidad, en el subtitulado profesional se quejan, con más razón aún, de esa misma calidad, y de paso aprovechan para recordarnos qué somos muuuuy lentos. En definitiva, como parece que a muchos no le queda claro el proceso integral de traducción de los subtítulos, y algunos no conocen las magníficas condiciones de trabajo del subtitulador, aquí os presento en pequeñas entregas el vademédum del subtitulador profesional. Porque yo lo valgo.
¿De dónde salen los subtituladores?

 

La realidad es que no nacemos en el campo y nos recogen en ramilletes. Los subtituladores profesionales somos expertos en una lengua extranjera y en la nuestra propia. Con esto quiero resaltar que no sólo debemos procurar comprender todos los giros, acentos, juegos de palabras y demás palabros que escuchamos en un material multimedia totalmente imprevisible, sino que nuestra redacción en el idioma meta debe ser pluscuamperfecta. Podéis entender que, si en el caso de la traducción para doblaje debemos dar unas indicaciones lingüísticas correctas y exactas, más mimo incluso tendremos que poner en un texto que vemos escrito, a un tamaño considerable y que admite comparaciones con el original. ¡Ahí es !
Además, la práctica del subtitulado requiere unos conocimientos técnicos adicionales, que no sólo implican el dominio de herramientas para la edición del texto, sino también el uso de aplicaciones de audio y vídeo combinadas con el texto. Por lo tanto, nos exigen, como es lógico, que sepamos traducir, y se presupone que venimos de fábrica con las prácticas despotting (ver glosario abajo) ajuste, visionado y un largo etcétera.
En el mercado comercial freelance existen dos posibilidades: trabajar con tus propias herramientas o con aplicaciones suministradas por las agencias o distribuidoras. Por mi experiencia, cuanto más grande es la empresa, más organizada está, y menos margen de maniobra deja al traductor. Por un lado, tenemos la ventaja de no tener que preocuparnos de crear un flujo de trabajo propio, porque nos lo dan todo pautado; como rasgo negativo, debemos estar abiertos continuamente al uso de herramientas nuevas (que suelen ser incompatibles con todo lo existente en este planeta). Esta característica es la que precisamente debería empujar a la docencia de la traducción audiovisual a “enseñar a pescar” al alumno, más que hacerlos expertos en una única aplicación.

Y hablando de enseñanza-aprendizaje de la práctica del subtitulado, en la actualidad, existen numerosos centros reglados y no reglados para la enseñanza del subtitulado profesional. Van desde lo más técnico y específico hasta la integración de esta disciplina en un máster oficial. Si estás interesado, no te resultará difícil encontrar la formación que mejor se adapte a tus necesidades.

De lo general a lo particular

 
¿De qué es especialista el subtitulador de cine y televisión? De todo y de nada.
Como subtituladora, pasan por mis manos encargos de todo tipo: anuncios comerciales de empresas, manuales de instrucciones interactivos, documentales, extras y comentarios del director, capítulos de series, escenas eliminadas… No sólo debemos estudiar y recordar las pautas para la traducción de cada tipología, sino que cada encargo tiene unas características propias, las de la lengua oral, que hoy está más viva que nunca.

Pues sí. Hoy estoy dando personalidad y voz a los personajes de una película de dibujos animados; mañana tendré que investigar sobre tecnicismos instrumentales, porque tengo que subtitular el making-of de un concierto; y pasado me toca la peli comercial de coches máscool del momento (toca slang fijo). ¿A que sería más fácil que cada uno subtitulara lo que le apasionada y lo que más conoce? Pues no te va a tocar subtitular sólo pelis de Brad Pitt, que lo sepas (y a lo mejor acabas visionando uno o dos conciertos de Justin Bieber si te pones bravo…).

Si no puedes hacerlo,
quizá no puedas subtitularlo…

Por lo tanto, cuando los admiradores de grandísimas sagas de series o películas, que conocen al dedillo hasta cómo se llama la bisagra de esa nave o el Pantone del color del pelo de ese elfo, afirman categóricamente que ellos podrían hacerlo mejor que yo, tengo dos opciones:

1. Reconocer mis limitaciones y no aceptar ese tipo de encargos. Lo he hecho en más de una ocasión por ética profesional, ineptitud personal y ausencia total de rentabilidad.
2. Intentar ponerle todo mi corazón y mi cerebro, y hacerlo lo mejor posible dentro de los límites temporales y mentales, en estos encargos y en todos los demás, esperando que las estresantes horas de estudio exprés de los 500 foros que existen sobre esa novela llevada al cine para empezar a subtitular ¡ya! hayan dado un fruto al menos aceptable para la audiencia.


Un poco de aquí y un poco de allá

En este mundo globalizado, altamente tecnificado y blablablabla, todo se reduce a: time is money! ¿Que tenemos una temporada completa para DVD? ¿Por qué esperar a que un único traductor que haya subtitulado las temporadas anteriores se encargue de ello? ¿Para qué? ¡Eso es el camino fácil! Mejor ponemos a tres traductores (con experiencia o no en esta serie), dos revisores y dos “visionadores” para todo y vamos que nos vamos.

Una mañana me levanto y tengo una asignación de un tema que desconozco por completo y, en mi trabajo de subtitulado, tan sencillo a ojos de los demás, entra también ver algo relacionado con el encargo que se haya hecho en el pasado (episodios en otros idiomas, películas antiguas, tráilers, póngaseaquíloqueproceda). Después de volverme loca durante muchos años, he decidido curarme en salud: soy una friki del cine y de la televisión. Me lo veo todo. Todo lo comercial, claro. Me levanto viendo series de asesinos y me acuesto con vampiros (no literalmente, pero alguno ya está avisado).

Con Sheldon me acuesto, con Dexter me levanto…

Es cierto que no subtitular el DVD completo con todos sus extras, juegos, ruidos y demás es el peor de los casos, pero suele ocurrir con frecuencia. De ahí que el contacto entre los miembros del equipo y el seguimiento de una pautas de consistencia para cada encargo sea crucial (hablaremos de la parte técnica en próximas entregas).

Recordatorio importante: Errar es de humanos vs. Si quieres voy y te digo cómo hacer tu trabajo

 

La práctica del subtitulado, al igual que la traducción para doblaje o la traducción literaria, hacen que el traductor sea más visible que nunca, por el alcance y la difusión de su trabajo. No creo que nadie se acuerde de mi madre si encuentra un fallo  ortográfico en un manual técnico de instalación de una perforadora industrial, pero si el giro que ve escrito en pantalla no le gusta… ¡Ay! ¡Tierra trágame!
Cuando subtitulo me siento árbitro de primera división: hago mi trabajo lo mejor que puedo para que una masa encolerizada profiera insultos y afirme que hasta sus hermanos pequeños (de todos) podrían hacerlo mejor. Pese a que la traducción para subtitulado no es un trabajo tan espontáneo, también tenemos una gran presión temporal, desconocimiento de lo que pasó antes o después de que llegara a nosotros ese encargo y, lo que es más importante, tenemos un cerebro humano.
Si os paráis a pensar esto, es como exigir a un pintor que tenga listo un cuadro en un día todos los días de su vida, y que todos sean Picassos.
La imagen y el texto audiovisual no caben en un subtítulo, y la tarea de plasmar la idea en un espacio reducido con la mejor creatividad no siempre es posible. A veces las musas no aparecen por ningún lado por más que las buscas y tienes uno, dos, tres días para desarrollar todo el proceso.
¿Y en qué consiste este proceso?
En la próxima entrega… El chocolate espeso.

 

 

Bibliografía para curiosos (I):
1. Sobre fansubbing (gracias a @Vicent_Torres):

 

 

Por qué los fansubs hacen buenas traducciones
[Ver otros recursos en enlaces arriba]

2. Herramientas para el subtitulado:
Subtitular y reeditar vídeos online, artículo rescatado de En la web 2.0
3. Conceptos básicos y pautas para subtitular:

Fortunas y adversidades del máster en Traducción creativa y humanística

Cuando en 2014 acabé el grado en Traducción y Mediación interlingüística en la UV quedé tan hastiada que me propuse no volver a estudiar nada de traducción en esta universidad. Había tenido algunos profesores maravillosos e hice amigos increíbles, pero como no es oro todo lo que reluce, también había habido importantes sombras en los cuatro años de la titulación. Sin embargo, tiendo a tener que tragarme mis palabras y el hecho de que estéis leyendo esto lo manifiesta: volví.

Empecé el máster con ilusión ya que iba a retomar la traducción literaria, mi gran pasión, e iba a hacer algunos pinitos en traducción audiovisual, que era una gran desconocida. Además, el hecho de que fuese un máster interuniversitario me hacía pensar que podía mantener la esperanza de aprender de los mejores y en parte ha sido así. Eso sí, ha habido algunos aspectos que merecen ser mencionados y que son muy mejorables.

Las optativas según la web de la UV

En primer lugar y aunque a mí no me pilló por sorpresa, sé de muchos compañeros que se dejaron encandilar por el plan de estudios del máster y la amplia oferta de asignaturas optativas que aparecía en la web (ver aquí) y se dieron de bruces con la realidad. No sé si será por falta de recursos económicos o de profesionales que impartan las materias, pero las optativas se redujeron notablemente (para muestra, el horario del curso 2015-2016) y, de hecho, en la especialidad de francés solo teníamos dos optativas: Traducción teatral y poética y Literatura y cine.
Importante: Podéis matricularos en las optativas de inglés (o la de italiano) aunque seáis de francés y viceversa. Tenedlo en cuenta, que si no os pasará como a una compañera y a mí misma, que nos matriculamos solo en las optativas de francés y luego no nos dejaron cambiarnos porque en las asignaturas de francés éramos demasiado pocos.

Tras este pequeño aviso introductorio, os comento brevemente lo que ha sido mi experiencia en las distintas asignaturas del máster y quedo a vuestra disposición por correo o redes sociales (Twitter y Facebook) si queréis más detalles, que tampoco quiero agobiaros demasiado por aquí.

En general, la parte teórica, que fueron los dos primeros meses del máster, me pareció un retorno a primero-segundo de grado, aunque hay cosas que no había dado y otras que había olvidado. Entiendo sin embargo su función unificadora, ya que hay perfiles muy distintos entre los estudiantes, aunque sí es cierto que unos cuantos veníamos del grado en Traducción.

– Deontología y práctica profesional ha sido una asignatura útil, aunque se quedó corta por el hecho de tener cuatro profesores y solo seis semanas de clase. Carlos Hernández nos dio la parte más teórica, con la ética y deontología del traductor, que os sonará en algunos casos a la Traductología del grado. José Santaemilia nos ha dado unas clases con contenidos más prácticos, como las salidas profesionales y qué formularios rellenar en Hacienda y la Seguridad Social si nos queremos establecer como autónomos. Dora Sales nos dio dos clases sobre documentación y lo hizo de forma tan amena que nos supo a poco. Por último, Anabel Borja nos habló de la fiscalidad y nos proporcionó documentos útiles si queremos ser autónomos o crear una empresa.

– Enfoques teóricos en los estudios de traducción ha sido dos asignaturas en una, ya que aunque los dos profesores vienen del campo de la Lingüística, los contenidos eran totalmente independientes. Pese a todo, me ha gustado. Ángel López nos dio lingüística, sobre todo neurolingüística, que es su tema de especialidad. Montserrat Veyrat nos habló de las teorías de la traducción y cómo se complementan entre ellas.
Como complemento a esta asignatura, en noviembre tuvimos, en el marco del Simposio de lexicografía que se celebró en la UV, la suerte de contar con la intervención de algunos especialistas, como Francisco Moreno-Fernández, director del observatorio de lengua española en la Universidad de Harvard.

– Análisis discursivo aplicado a la traducción ha sido otro caso de dos asignaturas en una. Daniel Jorques nos habló de temas de prensa y cómo puede afectar al trabajo del traductor. Por otra parte, Isabel García Izquierdo se centró en las corrientes de traducción que tienen en cuenta los enfoques textuales y, lamentablemente, no tuvimos tiempo para abordar todo el temario.

– Corrección y edición de textos ha sido una de mis asignaturas preferidas, ya que hemos ido elaborando un dosier con distintas cuestiones de corrección que si bien parecían simples (acentuación, género y número), luego provocaron muchos debates. Además, en la última sesión nos enfrentamos a una corrección de galeradas, algo totalmente nuevo para mí. El profesor es Enric Serra, director del máster, que es bastante accesible.

Para que nadie se asuste, os prevengo desde ya: en la mayoría de casos, no hay exámenes sino trabajos.

Cuando pasó la Navidad (literalmente, la primera clase fue el 7 de enero), llegó la parte práctica, en la que el grupo se separó por especialidades, en este caso, inglés y francés. Personalmente, como estaba en el itinerario de francés, de repente me sentí «sola»: solo éramos cinco y acabamos siendo aún menos, mientras que en inglés eran más de treinta. La verdad, no sé cómo pueden mantener una especialidad con un número tan bajo de matriculados, pero no me quejo, así todos podíamos participar tanto como quisiésemos.
Mejor me dejo de tonterías y comento las asignaturas.

– Análisis de textos literarios y audiovisuales ha sido, de nuevo, una asignatura dos por uno. La parte de audiovisuales nos la dio Adela Cortijo, quien a través de las escenas que nos proyectó, nos enseñó a diferenciar los distintos tipos de plano en cine entre otras cuestiones, aunque reconozco que si no entiendes demasiado de cine igual te pierdes un poco y tienes que repasar más en casa (o esa es mi sensación después de las clases). La parte de textos literarios, por otro lado, corrió a cargo de Domingo Pujante y consistió en el análisis, traducción y comentario de relatos cortos en francés.

– Traducción de géneros narrativos para jóvenes y niños me ha hecho ver de otra forma este tipo de literatura. Ana Monleón fue la encargada de impartirnos estas clases, en las que analizamos y tradujimos cuentos destinados a distintas edades y también nos introdujimos en la literatura de culturas africanas, menos habituales pero igualmente interesantes. A título personal, debo decir que aunque la asignatura no es lo que esperaba, la profesora es tan agradable y cercana a los alumnos que acabé disfrutando como una enana.

– Traducción de géneros narrativos para adultos me ha encantado y lamento no ser muy objetiva. El profesor ha sido Ignacio Ramos y nos ha hecho esforzarnos para encontrar una respuesta a cada por qué. Hemos analizado fragmentos de obras de los siglos XIX y XX, de autores como Verne y Maupassant y la metodología de trabajo era la presentación de un fragmento elegido por el profesor por parte de cada alumno. Teníamos que introducir el fragmento en el contexto en el que se enmarcaba, traducirlo y justificar cada decisión de esta traducción, lo que nos hizo darle muchas vueltas a la cabeza pero aprendimos mucho.

Estudio de doblaje de la UJI

– Traducción para doblaje me hizo no volver a ver el doblaje de la misma forma. Se ha encargado de enseñarnos Rosa Agost y creo que nunca podré agradecerle lo suficiente todo lo que se ha involucrado con nosotros. Ha sido una asignatura muy práctica en la que tuvimos que traducir y ajustar fragmentos de series de dibujos animados, de un documental, de una serie para adolescentes y de una película. Cada uno de estos ejercicios estuvo lleno de retos, con Rosa además comentamos los errores que habíamos tenido y en la última sesión nos fuimos al estudio de doblaje de la UJI. De acuerdo, tuvimos que desplazarnos a Castellón, pero fue muy divertido y, además, nos dimos cuenta de la importancia de un buen ajuste cuando tratamos de poner voz a los personajes con nuestras traducciones.

– Traducción para subtitulado, por su parte, nos ha servido para ser sintéticos. Con Pedro Mogorrón, profesor de la UA, hemos subtitulado algunos vídeos del francés al español y viceversa, lo que nos ha obligado a ser creativos en las dos lenguas. Hemos trabajado principalmente con el Subtitle Workshop aunque también hemos utilizado el AegiSub y, al final, cada alumno seguía con la herramienta con la que se sentía más cómodo. Aquí nos hemos dado cuenta de la importancia de tener un laboratorio de idiomas que funcione bien y que, pese a que los informáticos lo han intentado, la rebelión de las máquinas es muy molesta.

Como antes he comentado, también teníamos que elegir dos optativas de entre la lista. Os cuento cómo me ha ido con las dos que he cursado:

– Literatura y cine nos la han dado entre Adela Cortijo y Ana Monleón. Adela se ha encargado de la parte más audiovisual y Ana se ha centrado en la comparación entre la obra literaria y la fílmica, que además era lo que después se nos pedía a los alumnos. En cierta parte era una asignatura complementaria de Análisis de textos literarios y audiovisuales y, una vez más, me ha lastrado no tener demasiada cultura cinematográfica, ya que sentía que me perdía cosas importantes. Es más, en un primer momento quise cambiarme de optativa, pero no pude por las razones que he dicho al principio: éramos demasiado pocos.

– Traducción poética y teatral me ha gustado porque me ha hecho acercarme a géneros literarios que no conozco tanto como la narrativa. Además, éramos dos alumnas y la sensación de clase particular estaba más presente que nunca. En la parte de poética hemos tenido a Evelio Miñano y aquí, aunque he salido bien parada en las traducciones, me he dado cuenta de la importancia de conocer la literatura de la lengua de partida, en este caso la poesía. Domingo Pujante, por su lado, nos ha impartido traducción teatral, que ha sido una continuación de su parte de Análisis literarios y audiovisuales y me permitió reencontrarme con L’hiver sous la table, una obra de la que trabajamos algunos aspectos en cuarto de grado.

Por último, en mi caso he elegido el itinerario investigador, así que he tenido algunas sesiones que servían de introducción a una tesis doctoral con algunos de los profesores del máster. Ha habido ocasiones en las que me sentido abrumada por la envergadura de una tesis y otras en las que he sentido que estaba aprendiendo sin parar. Estas sesiones también nos han servido para guiarnos en el trabajo final de máster (TFM), que para los estudiantes de este itinerario consiste en un trabajo de investigación.

En resumen, esta es una breve síntesis de lo que han dado de sí los algo más de seis meses del máster. Me han servido para formarme en algunos campos que no conocía, pero me ha dado la sensación de que al tratarse de un curso que quería aunar traducción literaria y audiovisual, al final se ha quedado corto en los dos aspectos.
Personalmente he quedado bastante contenta, aunque hay cosas que se podían haber hecho mejor y me consta que mis compañeros de inglés están algo menos satisfechos.

¿QUÉ ES EL MÉTODO GRAMÁTICA-TRADUCCIÓN?

Una lengua es, a grandes rasgos, una herramienta que permite la comunicación entre dos o más personas. El origen de una lengua es eminentemente oral, y la escritura es tan solo un código que permite plasmar en un soporte la palabra hablada. De hecho, aún se conservan lenguas —como, por ejemplo, las lenguas chinantecas, en México— que carecen de escritura. Podríamos decir, por tanto, que una lengua puede carecer de escritura, pero nunca de oralidad. 

Esta breve introducción nos conduce a hablar de los métodos que se emplean tanto en la enseñanza como en el aprendizaje de una segunda lengua. Cada individuo puede encontrar en el estudio de una lengua diferentes motivaciones, pero el propósito de aprender una lengua es, como hemos dicho, comunicarse con otras personas. No obstante, en otros casos el objetivo de estudiar una lengua es aprender a leer su literatura y a traducir a nuestra lengua. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en la enseñanza de las lenguas clásicas. El latín y el griego clásico no se estudian para comunicarnos con otros hablantes de latín —que los hay— o de griego clásico, pues en ese caso sería más útil aprender cualquier lengua romance o griego moderno. Se estudian para comprender los textos escritos en tales lenguas. 

Cuando se enseña una lengua clásica, por lo general, se emplea el llamado método gramática-traducción —que también se conoce como método tradicional—. Su enseñanza consiste en tener una buena base gramatical para, posteriormente, aplicar los conocimientos de gramática en la traducción de oraciones o textos. O dicho de otro forma: se trata de un método esencialmente deductivo, porque primero se enseña la teoría —en este caso, la gramática— y después se pone en práctica en los ejercicios de traducción. Por tanto, es una forma de aprendizaje centrada en el plano escrito y que siempre tiene en cuenta la lengua materna, a la que se traducen las oraciones de la lengua que se está aprendiendo.

Además de prevalecer la lectura y la escritura, en este método también tiene bastante peso el vocabulario, que en muchos casos se aprende de memoria a partir de listas. Quienes hemos estudiado lenguas clásicas no podemos olvidarnos de los largos listados de términos correspondientes a las diferentes declinaciones. El fin último de conocer ese vocabulario no es ponerlo en práctica en una conversación, sino el de traducir oraciones. En una frase se activan diversas cuestiones gramaticales: la sintaxis, el caso gramatical, el género y número de las palabras, su morfología, la clase gramatical a la que pertenecen, etc.

Buena prueba de que este método no tiene como objetivo la comunicación redunda en que no se imparte en la lengua que se está enseñando —siguiendo con el ejemplo anterior, habría que pensar en el difícil ejemplo de impartir una clase en latín o griego clásico—, sino que siempre se tiene como base la lengua materna.

EL MÉTODO REFORMISTA, UNA FORMA OPUESTA DE ENSEÑAR Y APRENDER

En la actualidad, el método gramática-traducción convive con el método reformista, que es diametralmente opuesto. Este método, impulsado por los lingüistas H. Sweet, W. Viëtor y  P. Passy, consiste en otorgarle un mayor peso a la lengua hablada y, por tanto, también a la fonética y a la conversación. Uno de los principales problemas que tenemos los hispanohablantes a la hora de aprender inglés es que primero vemos la palabra y después tratamos de pronunciarla; en este método, la propuesta es la contraria: primero se enseña la fonética y luego la forma escrita —por tanto, prevalece la oralidad frente a la escritura—. Además, el conocimiento de la gramática es de carácter descriptivo más que normativo. De este modo, se aprende una lengua en su uso, sin juzgar qué es lo correcto o incorrecto gramaticalmente.

También es preciso señalar que las reglas gramaticales pasan a un segundo plano; a diferencia del método gramática-traducción, este es un método inductivo, es decir, del caso concreto a la generalización. Por tanto, quien aprende debe ser capaz de establecer generalizaciones a partir de las situaciones concretas en las que se ha desenvuelto. Otra diferencia con el método gramática-traducción es que, por lo general, la segunda lengua es la lengua en la que se aprende dicha lengua. O dicho de otra forma: así como una clase de latín se imparte en español —a partir del método gramática-traducción—, una clase de inglés, francés o italiano puede impartirse en inglés, francés o italiano siguiendo el método reformista.

Como inciso, es pertinente mencionar que no siempre se aplica el método gramática-traducción en la enseñanza de las lenguas clásicas. Un profesor de la Universidad de Navarra, Álvaro Sánchez-Ostiz, imparte la asignatura Lengua latina y su cultura en latín, como puede verse en este vídeo:

A la hora de aprender una segunda lengua, el método grámatica-traducción puede resultar demasiado alejado del propósito que tiene cualquier sistema de habla. El hecho de que requiera una amplia base léxica y gramatical no solo puede mermar el interés del alumno, sino que, además, no tiene por qué resultar útil en una conversación. Cualquier palabra puede tener diferentes significados en función del contexto en que se aplique; por tanto, obviar los contextos en una lengua es negar su dimensión pragmática, tan importante como la semántica a la hora de aprenderla.

En definitiva, los métodos de aprendizaje de una lengua resultan fundamentales a la hora de desarrollar las competencias que nos permitan comunicarnos de forma eficaz. En el caso del método gramática-traducción, como hemos visto, lo fundamental no es la comunicación en sí —ya sea oral o escrita—, sino la adquisición de una base gramatical y la correspondiente práctica en la traducción. Por eso, en nuestros días, son otros métodos los que interesan más a los estudiantes de segundas lenguas puesto que ofrecen un enfoque más centrado en el uso y más alejado de lo puramente gramatical y memorístico.

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De las respuestas del cliente: ¿algún psicólogo por ahí?

Que hay clientes para todos los gustos eso no lo niega nadie. Los hay muy buenos, de aquellos que pagan incluso por adelantado o que se demoran un poco más, pero pagan al fin. También, existen aquellos que uno conoce tal día, les da su tarjeta y esta persona les hace la promesa inmediata.

«Sí, mañana te estamos contactando porque tenemos cualquier cantidad de traducciones pendientes que no nos dejan avanzar con el proyecto X». Y uno se va todo ilusionado a su casa y no se levanta de la silla por una semana esperando que le llegue ESE correo. Luego de un año y algo, aparece esta persona recordándonos tal encuentro y pidiéndonos disculpas «porque el proyecto se atrasó». Hay otros que nos llaman solicitándonos un presupuesto para un documento difícil o un libro entero y uno se pasa un día completo pensando y pensando cómo hacerle las cosas más fáciles. Cuando por fin se decide, les envía una respuesta y estos ni siquiera se dignan a responder un seco «No, gracias». Y así, hay de todo en la viña de la traducción.

Pero no me digan que no tienen una colección de respuestas ingeniosas del cliente o de los posibles clientes. Tal vez, de sus conocidos, que desconocen (valga la redundancia) qué es lo que nosotros, los traductores, hacemos o que nuestro trabajo ES DIFÍCIL y lleva su tiempo y que no es un simple pasatiempo. Yo puedo contar el caso de una amiga que me pidió que cante una canción en un cumpleaños. (Sí, no solo traduzco, también canto, ja). Eligió una canción muy bonita en inglés que yo conocía desde mi infancia y la comencé a practicar. Unos días antes del acontecimiento, me pidió si podía hacerle una versión en español de la canción «así todos la entendemos». Por supuesto, nunca hablamos de dinero, pero ya me imaginaba cómo iba la cosa. Tampoco le di oportunidad, era una locura entre letra, rima, métrica, etc. y el tiempo que nos apretaba. Si bien sé algo de música, no soy ninguna Beatle.

Otra vez, en una feria de la industria alimenticia, me puse a conversar con un señor dueño de una fábrica. Cuando terminé mi «discurso de ascensor» y le expliqué en cinco minutos qué hacía, qué estaba haciendo en ese lugar y cómo podía colaborar con su empresa, este buen hombre me responde: «No, gracias. Tenemos una profesora de inglés que hace esas cosas. Además, podemos legalizar* porque ella hizo eso del First Certificate». Así, con esa misma boca abierta que vos me quedé yo. Mientras me debatía entre «cantarle las cuarenta», reír o llorar, solo le expliqué amablemente que estaba equivocado (no me puso mucha atención), lo saludé y me fui.No voy a negar que fue frustrante, pero luego de algunos añitos en la profesión, me doy cuenta de que pasa en todos lados y aprendí a tomarlo como una anécdota graciosa, la risa es salud. Y la gente tiene el «don» de dejarnos con la boca abierta con sus ideas o respuestas, sí, sí.

Sin mentir, tengo unos cuantos más, pero me encantaría escuchar los tuyos, así hacemos terapia de grupo y no nos duele/enoja tanto. Sí, hay de todo, de todo. En esta viña, sobra uvas raras…

*En Argentina, la legalización de una traducción consta de varios pasos: primero, el traductor público o matriculado introduce una leyenda al pie de página que dice que esa traducción es fiel al original y, luego, añade su firma y sello. Una vez hecho esto, el documento se presenta en el Colegio de Traductores correspondiente para colocarle el sello de la institución y, de esta forma, la traducción adquiere validez legal.

Por Aldana Michelino

TRADUTTORE…TRADITORE EN OCASIONES

La figura del traductor, tal y como comenta Enrique Badosa es una figura muy poco agradecida y que prácticamente vive en el anonimato, excepto algunos casos muy puntuales.

Este post me gustaría dedicárselo a la figura del traductor pero me gustaría que sirviera también como reflexión sobre la importancia y la repercusión que tiene el proceso de traducción en la difusión y el impacto de la obra del autor en el mercado editorial.

No podemos dejar de lado las palabras de Enrique cuando comenta que un autor es él y sus traductores, analicemos un poco este tema.

Cuando nos referimos al traductor como una figura traidora respecto a la obra deberíamos matizar un poco esta idea. Tal y como comenta Enrique Badosa no se puede generalizar, pero no olvidemos que, en cierta manera, la traducción de una obra acaba siendo una nueva versión de la obra en otra lengua. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en el proceso de traducción el texto cambia, se fortalece, se debilita, en cierta manera, sufre un proceso de mutación.

Los problemas de traducción no solo se producen en la traducción completa de una obra, la mayoría de veces los podemos observar en los títulos de las películas, en los títulos de novelas que han llegado a nuestras manos, en cómo notamos al leer una obra traducida que algo falla, etc.

Os pondré un ejemplo claro de la traducción de un título de una novela de Bernhard Schlink Der Vorleser. Esta obra fue escrita en alemán y al ser traducida al inglés se tradujo por The Reader y al castellano o al catalán por El Lector. La película también se tradujo de forma idéntica. En un principio podréis pensar, si conocéis la historia, que la traducción sí que tiene una relación con la historia pero ¿Dónde está el problema? Muy sencillo. Vorleser en alemán quiere decir leer en voz alta, no leer. Si pensamos un poco en el  proceso de lectura me daréis la razón en que la lectura es un proceso que va de fuera (la obra) hacia dentro (el lector), en cambio la lectura en voz alta va de dentro (el lector que lee para los demás) hacia fuera (un público concreto, en este caso la protagonista). Por tanto, traduciendo este término como el lector se pierde el verdadero sentido del término que, en realidad, es la clave de toda al historia.

Los italianos fueron más listos la tradujeron por A voce alta: the reader.

Esto nos viene a decir que es muy importante, en el proceso de traducción, reflexionar sobre el verdadero sentido que el autor quiere dar a su obra, conocer la obra a fondo para encontrar pistas y ser, al mismo tiempo, fiel a la intención del autor.

Para acabar os facilito el artículo de Enrique Badosa: https://estheracereda.wordpress.com/2009/12/16/traduttore-traditore/

También os adjunto un artículo de mi bloc donde encontraréis otros casos curiosos de traducción literaria incluído el que aquí os he comentado: https://estheracereda.wordpress.com/curiosidades/

El día de hoy, Traductora Transparente en Goethe-Institut México

Queridos colegas:

Recuerden que el 29 de Septiembre se llevó a cabo el evento Traductor Transparente para celebrar el Día de San Jerónimo, el Día Internacional del Traductor en el Goethe-Institut Mexiko.

¿Qué es un evento de Traductor(a) Transparente?

El Traductor(a) Transparente es una presentación de traducción en vivo en la que un(a) traductor(a) literario permite observar su trabajo por encima del hombro, nos comparte de manera transparente sus reflexiones y pone a discusión sus decisiones de traducción. El público puede ver el texto de partida y todo lo que ocurre en la pantalla del traductor(a) – es decir, todo lo que escribe, las búsquedas que realiza en Internet y las obras de consulta digitales que revisa; así como si anota tres variantes una al lado de la otra o si coloca comentarios, interrogaciones y otras marcas en el texto. El traductor comenta su manera de proceder y en qué consisten los problemas a los que se va enfrentando – esto siempre de manera concreta según el texto que está tratando. Los espectadores pueden formular preguntas, proponer u objetar. Según la experiencia, la traducción transparente coexiste con un público ocasional al cual alcanza también – un público que en este caso tal vez es consciente por primera vez de que sus propias lecturas son traducciones, y experimenta de esa manera, en qué medida depende del traductor la estructuración de un texto importado a la propia lengua.

No se pierdan este evento que nos reunirá para acompañar a nuestra experta y emocionarnos juntos al presenciar ese acto de cuerda floja, traducir en tiempo y espacio real.

“El arte de traducir a Felicitas Hoppe”
Traductora transparente: Lorel Manzano
Idioma: Español/Alemán
Fecha: 29 de septiembre de 2014, 17:00 hrs.
Sede: Goethe-Institut Mexiko, Biblioteca
Tonalá 43, Col. Roma, 06700 México, D.F.
52 55 52070487
bibliothek-mexiko@goethe.de

¿DEBO ESPECIALIZARME SI QUIERO VIVIR DE LA TRADUCCIÓN?

Una de las preguntas que los traductores que están empezando nos hacen más a menudo es sobre la especialización: si es o no necesaria, cómo se llega a ella y cuándo se debe empezar. En esta entrada responderemos a estas dudas.

Aprovechando que la mayoría de nuestros clientes y amigos abogados están de vacaciones, vamos a dedicar este mes de agosto a hablar de forma intensiva sobre cuestiones profesionales del mundo de la traducción.

En septiembre retomaremos los artículos sobre inglés jurídico con una nueva aportación a nuestro diccionario.

Comenzamos hoy esta miniserie respondiendo a una de las dudas que con más frecuencia nos trasladan las personas que están empezando en este mundo.

Es una entrada larga, avisamos.

Otra advertencia: no busques estadísticas, ni datos refrendados por concienzudos estudios de mercado en este artículo. Lo que encontrarás a continuación es solo nuestra opinión personal.

Aunque esperamos que, al menos, la tengas en cuenta.

¿Debo especializarme para poder vivir de la traducción?

Respuesta corta: un  rotundo.

Respuesta larga: hay muchas formas de vivir de la traducción y de construir una carrera profesional. Podría decirse que tantas como traductores, pues cada uno tiene la suya.

Pero, por desgracia, no todo el mundo vive igual de la traducción y no todo el mundo disfruta de su profesión tanto como le gustaría.

Según nuestra propia experiencia, y la de otros muchos colegas con los que hablamos a diario, los traductores que más disfrutan de su trabajo, y a los que casi nunca les falta, son los más especializados.

Por otro lado, lo que también vemos es que los traductores que más se quejan de las tarifas, de los clientes, del intrusismo, etc., son los que, o bien no están nada especializados, o bien llevan tiempo dedicándose a varias cosas sin terminar de decidirse nunca por ninguna de ellas.

Ya contamos en este blog que estamos convencidos de que el futuro de la traducción pasa por la especialización. Lee esta entrada (aquí) si quieres saber por qué.

Nunca nos cansaremos de repetirlo: para lo fácil ya está Google.

Seguro que no quieres ser reemplazado por un algoritmo antes de que puedas hacerte un hueco en este mercado, ¿verdad? Especialízate.

¿Cuándo debo comenzar a especializarme?

Al principio, cuanto antes, mejor. Pero no desde el primer día.

Déjanos explicarte.

Es cierto que el camino de la especialización no es sencillo. Salvo que vengas de otro mundo profesional y tengas una carrera en otra disciplina, especializarse puede ser complicado.

Pensamos que tomar esta decisión en el primer año de tu carrera como traductor no es lo más aconsejable (salvo que lo tengas muy claro y, aun así, ojo: no descartes cambiar de opinión).

Uno o dos años en tus inicios traduciendo de todo pueden ser muy útiles. Te servirán para conocer por dentro el mundo de la traducción profesional, saber cuáles son los campos y los tipos de textos más demandados, darte cuenta de cuáles te gustan más y, de paso, coger un poco de experiencia en algunos de estos campos.

Después de haber trabajado algún tiempo como generalista (preferiblemente en los inicios de tu carrera), te recomendamos que elijas uno o dos campos para profundizar.

Dedícale el tiempo necesario a esta decisión y elige bien, ya que durante los próximos años vas a invertir mucho tiempo y esfuerzo para formarte en el campo o los campos que elijas.

Otro consejo que nos permitimos darte es que no elijas más de dos y, a ser posible, elije que estén relacionados. Por ejemplo: traducción médica + farmacéutica; jurídica + financiera; ingeniería + arquitectura; informática + telecomunicaciones.

(¿Te has dado cuenta de que no mencionamos la TAV ni la literaria? Otro día te contaremos por qué).

Deben ser campos complejos, cuanto más, mejor (recuerda: para lo fácil ya está Google y tú no quieres pasarte el día quejándote de las tarifas ni de la competencia, ¿verdad?); y que tengan demanda, obviamente. De poco sirve especializarse en la cría del caracol malayo coreano-español.

¿Cómo se llega a la especialización?

Ya te hemos adelantado lo que pensamos: los primeros años son clave.

Si en ellos traduces un poco de todo irás viendo lo que más te llena, los campos en los que te sientes más a gusto y en los que no te importa pasarte horas investigando.

Por otro lado, trabajar para agencias de traducción que te vayan mandando trabajos variados te servirá para saber cuáles son los textos más demandados. Algunas agencias están especializadas en ciertos campos. Por ello, si trabajas para varias empresas diferentes tendrás una mejor perspectiva.

Ten los ojos y los oídos muy abiertos. Participa en redes sociales, acude a congresos de traducción o reuniones de traductores, habla con otros colegas (cuantos más mejor). Escucha a todo el mundo, cada uno tiene su historia.

Con el tiempo empezarás a tener un cierto feeling de cuáles son las áreas de especialidad que el mercado demanda y en cuáles de ellas no te importaría pasarte los próximos años de tu vida.

Una vez que te hayas decidido tendrás que estudiar mucho, mucho, mucho. Más de lo que has estudiado nunca.

Bueno, ¡os estáis pasando!, pensarás. Nope.

Recuerda que has elegido un campo complejo del saber y que tú eres un trabajador del conocimiento. Vas a tener que pasarte el resto de tu vida aprendiendo.

Si te decides, pongamos por caso, por la traducción jurídica, estarás dando el salto a un mundo, el Derecho, donde hay jueces, abogados y fiscales que llevan décadas investigando sobre Derecho penal, concursal, laboral o fiscal y confiesan que les queda un mundo por saber.

A ti no se te va a exigir ese nivel de profundidad, pero deberás dominar bien sus principales conceptos, su jerga y sus tecnicismos para que tus traducciones les resulten útiles a tus clientes.

Cuanto más sepas mejor traducirás, cuanto mejor traduzcas más trabajo tendrás, cuanto más trabajo tengas mejores tarifas podrás pedir…

Esto no es un secreto: los especialistas de cualquier campo son los que más ganan.

¿Tengo que estudiar otra carrera?

Si quieres hacerlo y puedes (es decir, si tienes el tiempo y los recursos necesarios), adelante. Obtendrás muchos conocimientos y una gran base. Pero no es obligatorio.

Hay muchas formas de aprender sobre la materia que has elegido para especializarte. Muchas de ellas gratuitas y otras con un precio razonable. Deberás tener criterio y constancia.

Los másteres (no los de traducción, sino los específicos de cada campo) son una buena opción. Nosotros, sin embargo, te recomendaríamos que empezaras por un curso más breve de 3-4 meses que te permita profundizar en el campo elegido.

Cuanto más práctico, mejor y cuanto más acceso tengas al tutor que lo imparte, también. El máster puede venir después.

En esta entrada te damos 5 consejos para elegir un buen curso de formación.

LA TRADUCCIÓN JURÍDICA Y EL PROBLEMA DE LOS DICCIONARIOS

¿Te has planteado alguna vez lo difícil que es encontrar los equivalentes de algunos conceptos jurídicos anglosajones? ¿Has tratado de buscar en un diccionario y la respuesta ha sido decepcionante? No es nada raro. Los diccionarios no tienen todas las respuestas. En esta entrada te explicamos por qué.

Hace unos meses asistimos a un congreso de traducción jurídica.

Una de las ponencias más interesantes estuvo a cargo de los autores de dos diccionarios jurídicos bilingües.

Y su intervención comenzó con esta sorprendente y reveladora cita.

Que podría traducirse (libremente) por:

La traducción jurídica es un campo en el que los diccionarios tienen una utilidad limitada. De hecho, en algunas ocasiones pueden resultar francamente engañosos. La razón es que los diccionarios tratan de ofrecer como traducción un equivalente directo y muy raras veces, si es que lo hacen, aportan una explicación de la traducción.

La cita es de Walter Cairns y Robert McKeon, y aparece en su libro Introduction to French Law. No hemos podido leer todavía ese libro, pero, a juzgar por la clarividencia de sus autores, tiene que ser un gran libro.

Es posible que se pueda decir más alto, pero no es posible decirlo más claro.

Se trata de un problema al que nos enfrentamos todos los traductores jurídicos antes o después.

Qué pasa con los diccionarios

A nosotros nos gusta decir que los diccionarios no tienen todas las respuestas. Aunque pensemos que sí. Con frecuencia los traductores y los juristas acudimos a ellos desesperados buscando el equivalente preciso de un término que acabamos de descubrir.

Y, claro, no lo encontramos.

Ya sean diccionarios en papel o en línea, la mayoría de ellos ofrecen muy poco contexto y muy pocas opciones para traducir determinados términos, al menos los diccionarios jurídicos bilingües que nosotros conocemos.

Estos recursos están bien para entender el significado de palabras sencillas, unívocas o muy consolidadas. Pero no suelen ser útiles en lo que se refiere a términos polisémicos y que se emplean de forma diferentes en distintos campos del Derecho (cosa, por otra parte, bastante habitual).

Tal vez por esto los diccionarios tradicionales tienen cada vez menos sentido.

La falta de equivalencia de los sistemas jurídicos

¿Por qué pasa esto especialmente en el campo de la traducción jurídica?

Si bien es cierto que cada campo del saber tiene su propia complejidad, también lo es que muchos campos técnicos solo presentan diferencias terminológicas al pasar de un idioma a otro. Dicho con un ejemplo: un engranaje es un engranaje, en los Estados Unidos, en Japón o en Argentina. Solo es necesario encontrar el término equivalente en cada lengua.

Con la traducción jurídica, sin embargo, pasa algo diferente. Los traductores y los juristas nos enfrentamos a una dificultad añadida y, es que, cada país tiene su propio sistema de leyes que responden, además, a su propia tradición jurídica (también llamadas «familias del Derecho»).

Cada tradición ha evolucionado, normalmente, de una forma distinta y ha dado lugar a una serie de conceptos y palabras que le son propias y que, en bastantes ocasiones, no existen siquiera en otras tradiciones fuera de ella.

Por eso, los traductores jurídicos sentimos muchas veces que estamos comparando peras con manzanas. Nuestro trabajo no resulta nada sencillo.

Lo anterior no debe entenderse, ni mucho menos, como una queja. Al contrario. La dificultad resulta de lo más estimulante y nos permite investigar en Derecho comparado desde un punto de vista lingüístico y conceptual. De esa investigación salen la mayoría de los artículos que puedes encontrar en este blog.

El problema es que los diccionarios no pueden recoger en un espacio limitado la explicación detallada que merecerían la mayoría de sus entradas. Por ello, se limitan a ofrecer 3 o 4 posibles opciones sin aportar una explicación sobre cómo o cuándo emplearlas.

Primero entender, luego traducir

La traducción de textos jurídicos inglés-español se caracteriza por ser un claro ejemplo de lo que acabamos de comentar. Los documentos jurídicos redactados en inglés suelen pertenecer a la tradición jurídica denominada Common Law, mientras que los redactados en español corresponden a una tradición distinta denominada romanista o de Derecho romano-germánico.

Cuando tratamos de traducir un documento del inglés al español o viceversa, da igual la dirección, con frecuencia nos encontramos que no es posible trasladar un concepto de una lengua a la otra, pues sencillamente no existe.

A esa conclusión llegamos algunos, pero solo cuando entendemos bien de qué se está hablando en el documento. Pues, cuando no lo entendemos y elegimos al azar una de las 4 opciones que nos da el diccionario tenemos un 75 % de probabilidades de equivocarnos y solo un 25 % de elegir la correcta. Y ya sabemos lo que le gustan a Murphy estas situaciones.

La única manera de acertar, pues, es seguir estos dos pasos:

  • Primero, entender bien el concepto o los términos complejos a los que nos enfrentamos. Para eso hay que documentarse y estudiar bien los campos más importantes de la cultura jurídica de partida y de la cultura jurídica meta.
  • En segundo lugar, debes emplear algunas de las estrategias de traducción más habituales (extranjerizar, familiarizar, acudir a una traducción explicativa, u otras similares). En cada caso encontrarás que es posible emplear una combinación de varias de ellas.

Si eres jurista o traductor jurídico te recomendamos que no te la juegues. Consulta diferentes fuentes, documéntate bien, trata de entender primero el concepto que tienes entre manos y busca después la traducción más adecuada. Te adelantamos que muchas veces la perfección es imposible.

¿Miedo a la traducción automática?

Por Valentín Barrantes, Director de expansión y estrategia

Parece que cada vez que en la profesión se habla de traducción automática suenan unas cuantas alarmas, ¿no os parece? Queramos o no, aunque el uso de determinados traductores automáticos parece haberse extendido, desde el propio traductor de Google a cualquier otro traductor web automático o tecnologías similares, en el sector de la traducción se sigue hablando de ello con temor. Pero, ¿realmente estamos ante una verdadera amenaza?

Hablemos claro. Todos los avances generan recelo, y aquello que lleve el adjetivo automático aún más. Esto mismo sucedió en su día con las tecnologías de traducción asistida por ordenador (TAO), muchos lo recordaremos hasta con una cierta nostalgia. Sin embargo, con el paso del tiempo, la mejora en los resultados de los sistemas de traducción automática y la necesidad que el mercado muestra ante esta tecnología hará que la confianza se vaya logrando poco a poco.

Hoy día, la tan cacareada «globalización» ha provocado que la cantidad de contenido que se genera a diario sea enorme, variada y con un crecimiento exponencial…y ante este panorama, muchas empresas e instituciones necesitan (o desean) que este contenido esté disponible en varias lenguas, casi, casi en tiempo real. Aquí las claves son los idiomas, la inmediatez y la calidad. Para abarcar la traducción de todo este contenido, literalmente, no hay manos humanas que sean capaz de abarcarlo…y dudo también que recursos económicos suficientes que la mayoría de las empresas se puedan permitir ante un escenario tan prolífico y dinámico. Por todo ello, la integración de la traducción automática en el proceso de trabajo de cualquier empresa de traducción profesional, creo, que no tiene freno…es necesario agilizar el proceso y reducir los costes…sí o sí.

Ante el reto de desarrollar el mejor traductor automático, Google se ha situado a la cabeza con una de las soluciones de mayor difusión digital: Google Translate. Sin embargo, es necesario saber que hay numerosas empresas, universidades y grupos de investigación dedicados a perfeccionar la tecnología de traducción automática desde diversos puntos de vista y con resultados que cada vez muestran un mayor consenso.

Pero, ¿qué nos depara entonces el futuro a los traductores en lo que a tecnologías de traducción automática se refiere?

En mi opinión, por lo que respecta a la traducción de gran parte del contenido digital dinámico, será necesario integrar los sistemas de traducción asistida por ordenador con los sistemas de traducción automática a fin de que el proceso se agilice y satisfaga las necesidades del mercado; alcanzar la combinación perfecta en cuanto a calidad e inmediatez será lo esencial. En cuanto a la traducción de contenido especializado(siempre con salvedades y casuística), las TAO seguirán siendo la tecnología principal para los traductores profesionales, si bien estos sistemas incorporarán la traducción automática como ayuda durante el proceso.

El traductor humano no será fácilmente sustituible y me atrevo a decir que jamás lo será, sin embargo, la tecnología seguirá evolucionando y habrá que adaptarse a nuevas realidades y formarse adecuadamente para poder realizar diversas tareas.

A los traductores dedicados a la localización y la traducción de contenido digital os digo que la postedición de contenido producido mediante traducción automática deberá convertirse en la nueva aliada, más que en la imbatible enemiga. Tanto es así, que subirse al caballo de la tecnología de traducción automática pronto resultará imprescindible, ¿o no?

Errores de traducción que marcaron la historia

Nunca subestimes el poder de un traductor. Un traductor es quien te permite leer El principito en tu propio idioma; un intérprete es quien pone voz a Obama en reuniones con líderes extranjeros; una intérprete es quien guarda el secreto de lo que hablaron Trump y Putin en su reunión a puerta cerrada; pero un traductor puede ser también recordado por un error en su versión capaz de cambiar la historia (o, al menos, la actualidad).

Este martes se ha conocido que, en la demanda presentada por el expresident Carles Puigdemont contra el juez Pablo Llarena por vulnerar supuestamente su presunción de inocencia, se alteraron las declaraciones del magistrado al traducirlas del español al francés. Concretamente, la frase condicional “si es que ha sido así” (esas fueron las palabras de Llarena) pasa a convertirse en la afirmación “sí, así ha sucedido” o oui c’est ce qui s’est produit en francés, el idioma en el que lo leerá el jurado de Bruselas, donde se presentó la querella contra Llarena.

El coordinador de la defensa de los políticos independentistas encausados en el procés, Gonzalo Boye, lo ha achacado esta mañana a “un error de traducción” y en ningún caso a una intención de falsear las palabras del juez, como apuntan algunos.

Boye ha recordado que se trata de una traducción jurada, y estas van selladas y firmadas por un profesional acreditado. Precisamente por eso sorprende tanto un error tan burdo: en francés, el ‘si’ condicional se dice como en español, mientras que el ‘sí’ afirmativo es ‘oui’. Sería como confundir en inglés un ‘if’ por un ‘yes’. Además, como señala el profesor francés que llamó la atención sobre este error en Twitter, en la traducción al francés se añade un “et” (“y”, en español) antes de la polémica frase oui c’est ce qui s’est produit para reforzar la afirmación.

En cualquier caso, e independientemente de si el error fue o no intencionado, no sería el primer ejemplo de malas traducciones memorables por cambiar, en algunos casos, el rumbo de la historia. A continuación, una muestra de ellas:

El detonante de la bomba atómica

GETTY IMAGES
El domo de la bomba atómica de Hiroshima, el único edificio que sobrevive hasta la actualidad.

El 26 de julio de 1945, las potencias aliadas publicaron la declaración de Potsdam, un ultimátum a Japón donde exigían su rendición. De lo contrario, se enfrentarían a una “pronta y total destrucción”, decía la amenaza. Kantaro Suzuki, primer ministro japonés, convocó entonces una rueda de prensa para responder: “Sin comentarios. Seguimos pensándolo”. El problema es que Suzuki usó la palabra mokusatsu, que puede significar “sin comentarios” o “lo ignoramos y lo despreciamos”. Y eso fue lo que entendieron los aliados. Diez días después, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Jimmy Carter y su deseo sexual

Cuando el presidente de Estados Unidos visitó Polonia en 1977, su amistoso discurso hacia el pueblo polaco adoptó un tono sexual gracias a las palabras de su intérprete, que, en lugar de expresar “he venido para conocer vuestras opiniones y escuchar vuestros deseos de futuro”, dio a entender que Carter sentía deseos sexuales por los polacos. También tradujo lo feliz que estaba Carter con su visita a Polonia por un “feliz de ver las partes privadas de Polonia”.

Los canales de Marte

GETTY IMAGES/SCIENCE PHOTO LIBRARY RF
Recreación de la superficie de Marte.

En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli hizo una de las primeras descripciones del planeta Marte. En ella hablaba de “mar”, “continente” y “canales” (canali, en italiano). Y entonces se montó una buena: esos canales (que en realidad eran estructuras naturales como gargantas o cañones) fueron entendidos como construcciones artificiales realizadas por los marcianos para transportar agua. Así lo defendió en 1908 el astrónomo norteamericano Percival Lowell, desatando la locura por los marcianos, a pesar de que se trataba de un error.

Moisés, el cornudo

El patrón de los traductores, San Jerónimo, es también culpable de uno de los errores más sonados y reproducidos a lo largo de la historia. A él se debe que durante muchos siglos las esculturas y pinturas representaran a Moisés con cuernos. El santo, que tradujo la Biblia del hebreo y el griego al latín (la Vulgata, el texto oficial de la iglesia católica entre 382 y 1979) confundió ‘karan’ (radiante, en hebreo) por ‘keren’ (cornudo), dado que el hebreo no emplea vocales.

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Moisés, esculpido por Miguel Ángel, en la basílica de San Pietro in Vincoli, en Roma.

El camello que pasa por el ojo de una aguja

El de Moisés no es el único error de la Biblia. Los profesores de Griego suelen comentar como anécdota que la frase que supuestamente pronunció Jesús para alertar a sus discípulos de los peligros de la riqueza —”es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”— en realidad es fruto de un error de traducción. El texto griego, que fue traducido al latín, usaba la palabra ‘kamilos’, que es una soga gruesa o maroma con la que se amarraban los barcos. Pero San Jerónimo lo entendió como ‘kamelos’ (“camello”), cosa que a priori parece mucho más inverosímil.

BONUS: El error de comunicación que aceleró la caída del Muro

En este caso no se trata de un error de traducción, sino más bien de una falta de comunicación que trajo grandes (y positivas) consecuencias para la población alemana, que durante 28 años vivió separada por un muro de 156 kilómetros y casi dos metros de altura: el Muro de Berlín. Fue el 9 de noviembre de 1989 cuando, en una rueda de prensa emitida en directo, el portavoz del Politburó de la RDA, Günter Schabowski, leyó un comunicado que daría lugar a la caída inmediata del muro. Schabowski desconocía el contenido del documento, por lo que lo interpretó a su manera. “Se podrá viajar fuera de la RDA sin condiciones previas…”, declaró. En ese momento un periodista le preguntó a gritos “¿cuándo?”, y el dirigente respondió: “Según entiendo yo… inmediatamente”. En pocos minutos, ya estaba en televisión la noticia de que la República Democrática Alemana abría esa noche sus pasos limítrofes. La población de Berlín Este no esperó ni un instante para echarse a las calles en masa y derribar esa frontera, hasta entonces infranqueable. El portavoz, consciente de su error y temeroso de represalias, sintió “un alivio inmenso” al ver que los acontecimientos se desarrollaban de forma natural. “No estalló la violencia. No hubo disparos. No hubo heridos”, escribió en sus memorias. O, al menos, así se tradujeron.