10 FALSE FRIENDS EVERY ACADEMIC TRANSLATOR SHOULD STAY AWAY FROM

Every academic translator has a common enemy to fight: “false friends.”

False friends are words that appear to be similar in two languages, but their meanings are actually quite different.

They have a common etymological origin, but their definitions changed over time as they moved in different linguistic directions.

I have personally counted more than 50 of them in English and Spanish. They are making headway because of their similarity in sound and, in some cases, spelling, and the proximity of the two languages in some communities in the United States and Latin America. Inexperienced English-to-Spanish translators and vice versa fall in this trap because of their lack of familiarity with both languages.

These words traveled slowly and weren’t a threat when paper dictionaries were the only tools that an academic editor or translator had. Today, they travel at the speed of the Internet.

Here are 10 of the most common “false friends”:

1. Aggressive/agresivo: Be careful with this one if you are talking about violence or behavior. In English, you are describing a pushy person, an abrasive individual or an illness. In Spanish, on the other hand, you are talking about a violent person.

2. Casual/casual: In English, this word means “informal,” “without formalities” or “ceremonies.” In Spanish, it means “unforeseen” (imprevisto) or “by chance” (impredecible). If you hear, for example, “I dressed casually for the party” in English, don’t translate it as “I dressed by chance for the party.”

3. Crime/crimen: If you are a legal translator, law editor or interpreter, the life of a person could be in your hands if you don’t know the nuances of these words.

“Crimen” in Spanish means “murder,” “homicide” or “injury with the intent to kill.” The English “crime,” on the other hand, is defined as “an action harmful to the public good and legally prohibited.” Thus, rape, drug dealing, theft, and battery are crimes and do not necessarily involve murder.

4. Definite/definido: In English, when you want to be positive or express something that is certain, you use “definite”  (“She was definite about her answer”). For something that was “explained” (explicado) or “clearly marked” (claramente marcado) in Spanish, you use “definido.”

5. Disorder/desorden: If you are dealing especially with medical or scientific translation, beware of the differences. One of the words meanings in English is “malady,” “illness” or “disturbance in physical or mental health functions.” In Spanish, it could be “confusion,” “mess,” or “public disturbance.” In non-medical terms, such as “the girl left the room in complete disorder when she went out,” they are synonymous.

6. Elaborate/elaborado: “Complex,” or “worked out in great detail,” are the English meanings of this English word that has a simple rendering in Spanish: “hecho” (made) and “producido industrialmente” (industrially produced). For example: “Me gusta más el pan elaborado en fábrica” (I prefer factory-made bread).

7. Global/global:  The word’s similar spelling makes it irresistible for lazy translators. For starters, the English “global” refers almost exclusively to the whole world. Two of its synonyms are “worldwide” and “universal.” The Spanish means “tomado en conjunto” (taken as a whole). For example, “analizaremos los resultados globales” can be translated as “we will analyze the overall results.” For words like “globalize,” “global village” and “globalize” we use, in that order, “universalizar,” “aldea mundial” and “mundialización”.

8. Ignore/ignorar: Another sneaky friend, “ignorar” has been gaining undeserved popularity among Spanish speakers. In English, it means “disregard” or “do not pay attention.” In Spanish, it means “not to know” (no saber) or “lack of education” (falta de educación). However, the nouns “ignorant” and “ignorance” can be synonymous in both languages.

9. Molest/molestar: By far, one of my favorite “false friends.” My students blush when I give them a sentence to read with “molestar,” which they think has sexual overtones. They think that “mi amigo me molesta mucho en la clase” means “my friend molests me a lot in class.” But they relax when I tell them the real meaning: “My friend bothers me (or annoys me) a lot in class.”

10. Topic/tópico: Despite being so close in spelling, these two words have almost nothing in common. The English “topic” refers to “a subject of conversation or discussion.” The Spanish “tópico” could be a medicine or a chiche.

How can translators avoid falling into the false friends’ trap? The answer sounds obvious, but it’s overlooked by inexperienced translators: realizing that languages, like members of a family, may have a common ancestor, but are different. Another suggestion is that if the word that you are translating sounds similar to one in the target language, beware and dig deeper. It may take you a few more minutes to finish the job, but you might unmask a false friend.

Los 10 estereotipos de traductores más habituales que puedes encontrar

Hoy me apetecía hacer una entrada menos seria y darle un toque de humor al contenido del blog, ya que, aunque está bien aprender y debatir sobre temas traductológicos, nunca está de más reírse un poco a la vez que decir alguna que otra verdad. ?

A ver si reconoces o te identificas con alguno de los siguientes estereotipos. ?

1. El traductor que nunca acepta los cambios del revisor

Suponiendo que reciba los cambios para aprobarlos o al menos arbitrarlos, este tipo de traductor suele tener el ego un poco crecido y no acepta mejoras, pues cree que siempre está en lo correcto. Por supuesto, hay veces en las que tiene razón y el revisor se equivoca, pero en este caso lo normal es ver que acepta un cambio de cada diez propuestos.

Mi opinión: Hay que ser humilde y saber que cuatro ojos ven mejor que dos normalmente. Los destinatarios de la traducción final lo agradecerán.

2. El revisor que siempre le cambia todo al traductor

También tenemos el caso contrario: quizás por rabia de no ser el traductor, quizás por tener un mal día, este tipo de traductor/revisor no tiene piedad con el texto que recibe y lo cambia lo máximo posible para que se note quién manda aquí y que su versión es mejor. Además, así justifica su trabajo, no vaya a ser que prescindan de revisores si no hay tantos cambios.

Mi opinión: Si la traducción está realmente mal, habría que avisar al cliente primero para ver cómo proceder. Si es una traducción normal, pues oye, ¡todo puede mejorarse! Pero respeta también la versión del traductor si es correcta y evita cambios preferenciales.

3. El traductor o revisor al que todo le parece mal

Es la evolución de los dos primeros estereotipos. Da igual si traduce o si revisa: para esta persona, el cliente nunca tiene ni idea de cómo hacer las cosas, sus revisores nunca tienen ni pajolera idea de lo que hacen y sus traducciones y, en caso de ser el revisor, la traducción sobre la que tiene que trabajar es un desastre. Por supuesto, todo esto lo critica en las redes sociales para darse aún más importancia.

Mi opinión: De nuevo, hay que ser humilde. Si algo está mal, mejor decírselo a los interesados de la mejor manera posible para intentar mejorar. Creo que se deberían usar las redes sociales para otras cosas.

4. El traductor autónomo que trabaja en pijama

Venga, vamos cambiando el tono a algo más positivo. ? Este es un clásico: ¡que levante la mano quien sea traductor autónomo y no haya trabajado nunca en pijama! Bueno, o incluso sin camiseta si es verano.

También se pueden utilizar complementos, claro. En invierno, nada como una buena mantita o zapatillas eléctricas para estar calentito, así como usar mitones para que las manos no se te queden congeladas del todo y cada vez teclees más lento…

Mi opinión: Yo lo he hecho muchas veces, por supuesto. Aunque desde hace tiempo lo primero que hago al levantarme es ir al gimnasio, entrenar y ducharme para estar vestido ya durante todo el día. Así me siento más mentalizado para trabajar que con pijama, la verdad.

5. El traductor autónomo que hace videoconferencias con pantalones de pijama

Aunque a muchos les gusta estar en su cueva con pijama completo, a veces hay que hacer reuniones con equipos de traductores o revisores, o bien directamente con clientes. Cuando no aparecer en pantalla no es una opción, siempre es aceptable ponerse una buena camiseta, camisa o jersey… y buen pantalón de pijama. ?

Mi opinión: Yo juraría que nunca he tenido que hacer esto, pero sí conozco a algunos que lo hacen.

6. El traductor que incendia un foro hablando sobre tarifas

Ah, sí, las tarifas… ¡Eterno debate! Todo iba bien en un foro hasta que alguien pregunta qué cuanto se suele cobrar en tal trabajo. Al final la cosa empieza a degenerar y ya se empieza con que se si hay traductores que tiran el mercado con tarifas irrisorias, que los que traducen series para doblaje o videojuegos son una mafia, que si hay que crear un colegio de traductores para regular tarifas…

Mi opinión: Es bueno debatir sobre este tema, pero siempre con respeto y buenas argumentaciones, sin pretender echar balones fuera. Hace años grabé un vídeo cortito llamado Las tarifas de traducción explicadas en 2 minutos cuya idea central creo que sigue siendo válida.

7. El traductor de videojuegos que no puede decir en qué trabaja

Esto, por desgracia, no es muy gracioso, ya que le sucede a una gran mayoría de traductores de videojuegos. Aquí te encuentras de todo: desde clientes que ponen sin problema a todos los miembros que han participado en la localización de algún modo (como suele hacer Nintendo) hasta agencias que te hacen firmar que jamás de los jamases podrás hablar de en qué juegos has participado.

El reconocimiento creo que es necesario, e iniciativas como los Premios ATRAE ayudan bastante a visibilizar el trabajo de los traductores en general y, quizás especialmente por los estrictos acuerdos de confidencialidad, a los traductores de videojuegos.

Mi opinión: El tiempo me ha enseñado a no obsesionarme con este tema, pues al fin y al cabo hay que ser conscientes de que estás prestando un servicio por el que te pagan, y en realidad consumimos muchos productos y demás de los que no tenemos ni idea de quién los hace. Por ejemplo, el mismo derecho de ser reconocidos tienen los traductores técnicos o de aplicaciones móviles, cuyo trabajo también es muy importante.

Obviamente, apoyo el reconocimiento y soy al primero al que le gusta que le reconozcan las cosas como los juegos en los que trabajé en Nintendo, pero como digo, quizás con el tiempo he aprendido a sobrellevar este hecho.

Por cierto, un argumento que se suele dar es que no se revela la identidad de los traductores porque así el cliente puede contactar directamente con ellos en vez de pasar por la agencia, pero en mi experiencia, el cliente grande prefiere utilizar agencia siempre para no estar pendiente de cada traductor de forma individual (sobre todo cuando hay muchos idiomas a los que se traduce).

8. El intérprete que siempre tiene que aclarar que es intérprete y no traductor

Intérpretes, no me olvido de vosotros. Del mismo modo que el estudiante de Traducción e Interpretación tiene que repetirle a su entorno que no, que no quiere dedicarse al mundo del espectáculo, hoy en día sigue siendo muuuuy habitual que la gente ajena al sector llame «traductor» al que se dedica a hacer una interpretación consecutiva o bilateral. El traductor trabaja con la palabra escrita, mientras que el intérprete trabaja con el lenguaje oral (estoy simplificando mucho, pero para que nos entendamos).

Mi opinión: A mí a veces me han dicho que claro, que mi carrera es importante porque no solo se trata de traducir un texto, sino que hay que hay que interpretarlo bien para poder traducirlo. Por supuesto que es verdad, pero creo que es interpretar (nunca mejor dicho) lo de «Traducción e Interpretación» de una manera algo equivocada. ?

9. El traductor autónomo que nunca se pone enfermo

Si no trabajas, no facturas, así que ¿qué es eso de no hacer una traducción porque estás resfriado, con fiebre, con dolores en la espalda o con una tos tremenda? La verdad es que ser autónomo tiene una ventaja después de todo: ¡te haces resistente a las enfermedades!

Mi opinión: Por supuesto que me pongo enfermo de vez en cuando, sobre todo con resfriados y algún pequeño dolor de cabeza. Pero sinceramente creo que, en mis más de 10 años de traductor autónomo, nunca he dejado de trabajar por estar enfermo. Tampoco es que me estuviera muriendo, vaya. Ahora que lo pienso, creo que una vez tuve una migraña tremenda y me tuve que acostar, pero luego o al día siguiente recuperé el tiempo perdido.

10. El traductor que vive en una mansión y tiene un jet privado

Ah, ¿pero de verdad eso existe? ?

Mi opinión: De la traducción se puede vivir; de hecho, incluso muy bien. Eso sí, por ahora no me da para tener una mansión en Madrid o un jet privado, claro… Pero sí para vivir feliz y tranquilo. Con eso me basta.

11. (¡Bonus!) El traductor que lleva un rato preguntándose si debería poner minúscula después de «Mi opinión:»

Así me gusta, que cuestiones las cosas. Yo sinceramente creo que es mejor usar mayúscula porque estoy introduciendo lo de «Mi opinión» de forma similar a «Nota:» o «Ejemplo:», es decir, como un anuncio de que lo que sigue es mi opinión (también habría podido poner «Comentario:»). Me baso en el punto d de la Ortografía de la lengua española.

Por supuesto que hay más estereotipos que me he dejado, pero creo que más o menos estos son los principales. ¡Ya me contarás en los comentarios! ?

Mi oppongo, vostro onore! (ovvero, perché non mi vergogno di tradurre bestseller)

Qualche giorno fa, parlando con una collega, ci siamo trovate immerse in una discussione vecchia come il cucco: la collega raccontava di un messaggio in cui si era imbattuta in non so quale social. Nel messaggio, un giovane aspirante traduttore sosteneva che fosse inutile cercare di diventare traduttori editoriali, perché tanto il mercato della traduzione è marcio e i libri importanti vengono assegnati sempre ai soliti noti. Ora, potremmo discutere per ore del buco nero di nonsense creato dalla sola idea di parlare di traduttori e notorietà nella stessa frase (come diceva l’argutacollega® in questione, già solo pensarci fa scoppiare il cervello), e potremmo parlare per ore anche dell’idea di un mercato editoriale non meritocratico che va avanti a raccomandazioni e spintarelle, manco fossimo tutti olgettine che aspirano a entrare in Mediaset. I due argomenti meriterebbero post dedicati, anche perché queste recriminazioni sono un po’ come l’uovo e la gallina: è nato prima il giovane traduttore che accusa i vecchi di monopolizzare il mercato o il vecchio che accusa il giovane di non riuscire a farsi strada e di prendersela con chi non c’entra nulla?

I libri importanti, la merda, i corgi

Ma non è di questo che voglio parlare oggi. Perché di quella frase mi ha colpito soprattutto l’accento messo da quel ragazzo sull’impossibilità di raggiungere i “libri importanti”.  Magari, sembrava sottintendere la sfuriata, è pure possibile tradurre quelli meno importanti,  ma che ce frega? I capolavori sono tutti presi, i romanzi profondissimi sono già assegnati, a noi ce rimane la merda (c’è chi l’apprezza, poi, oh).
Mi sono chiesta allora se sia veramente brutto o disdicevole o addirittura umiliante tradurre libri che non facciano arrivare l’autore a due passi dal Nobel, che non finiscano tra le mani di un intellettuale barbuto che li rileggerà per la sessantaseiesima volta con la pipa in bocca e i piedi poggiati su un Welsh corgi disteso davanti al caminetto.
Insomma, in due parole: noi che traduciamo libri “di consumo” siamo davvero traduttori di serie B? Dovremmo forse vergognarci di quello che facciamo?
Ovviamente non ce l’ho con quel ragazzo in particolare: una volta ero come lui. Anzi, ero proprio lui. Quando ho cominciato a tradurre non mi sono posta neanche il problema di voler tradurre libri importanti. Davo per scontato che sarebbe successo. Per me l’equazione era piuttosto semplice: traduttore editoriale uguale intellettuale uguale letterato uguale alta letteratura. Tutto il resto era robaccia buona per foderare la gabbietta dei criceti.

Il lavoro nobilita l’uomo (e la donna)

Poi, vedete, ho cominciato a lavorare. Ed è quando la traduzione smette di essere un mito e diventa un lavoro vero,forse, che la prospettiva cambia. Perché a quel punto mi hanno offerto un horror per ragazzi. E poi un romanzo d’amore. E un thriller. E infine quello che mi è più  caro, quello che guardo con più indulgenza (ma anche, sì, un po’ di bonario “ma che cazzo dici??”): il BESTSELLERONE. Il romanzo da ombrellone, il libro da mille milioni di copie vendute pure in Uganda che prevede intrighi e sparatorie, studiosi americani con la barba sfatta e cardinali corrotti che parlano con la bocca piena de salame, e che a un certo punto (non ve lo aspettereste mai proprio mai!) ci svela che IN VATICANO C’È UN TERRIBILE SEGRETO!!
Mi sono confrontata con la persona che ero  un tempo e mi sono chiesta se a oggi mi imbarazzi tradurre libri del genere.
La risposta ovviamente è no.  Al di là delle ovvie considerazioni sul fatto che tradurre non è una missione, è un lavoro, e che quindi a volte può piacerci e a volte ci piacerà meno (a qualcuno è toccato ritradurre il Mein Kampf, non sarò certo io a lamentarmi perché i protagonisti del mio romanzo passano intere giornate a guardarsi nelle palle degli occhi), la verità è che ritengo che chi  snobba i bestselleroni guardi al problema da una prospettiva sbagliata (e del resto, come dice un’altra argutacollega®, il vantaggio dei libri di ampio consumo è che a differenza dei capolavori sono tanti, come le bollette).

I libri che la gente legge davvero

Al giorno d’oggi per me la narrativa di consumo equivale ai telefilm americani, e nei telefilm americani c’è sempre un avvocato che dice una cosa che io trovo illuminante.
Quando l’avvocato in questione viene assunto per difendere un efferato serial killer coprofago, un politico palazzinaro e mafioso e anche un po’ pelato, o comunque qualcuno con cui lo spettatore non può simpatizzare, un altro personaggio gli chiede se non si vergogni a difendere un uomo (o una donna) del genere. Al che l’avvocato si spolvera i pelucchi dal bavero della giacca, si liscia i capelli foltissimi, si erge in tutta la sua possanza statunitense e tuona: “Questa è l’America! Anche i delinquenti hanno diritto a un processo equo! Se ce ne dimentichiamo la giustizia è morta!”.
Ecco, io mi sento, nei confronti dei bestselleroni, come quell’avvocato si sente nei confronti dei suoi assistiti.  Sono cioè convinta che anche i libri poracci abbiano diritto a una buona traduzione.
Anzi, a maggior ragione ne hanno diritto: questi sono i libri, come mi ricorda ogni tanto Chiara, che la gente legge davvero. Per ogni quasi-Nobel che entra nelle case dei lettori forti accoccolandosi tra pile e pile di amici libri-importanti, ci sono almeno una cinquantina di TERRIBILI SEGRETI IN VATICANO!! che entrano nelle case di gente che normalmente legge poco o non legge affatto.
Mi chiedo quindi se noi che traduciamo questi romanzi non abbiamo forse una responsabilità ancora più grande di chi traduce il Nobel: perché in fondo noi entriamo in moltissime case,  ed entrando nelle case e nelle teste di chi normalmente non legge granché possiamo essere lo strumento che porterà quelle persone a leggere ancora, a leggere di più (senza contare che questi libri sono i guilty pleasures di molti di noi, non solo lo sfogo del lettore debolissimo che ha rotto la TV).

Libro cattivo o buon prodotto?

E badate bene: non parlo qui di libri brutti, mal scritti, impossibili da tradurre (perché quelli ci sono e sono faticosissimi e lo sappiamo). No, io parlo di libri discreti ma fini a se stessi, libri che sono considerati brutti perché non sono profondi, perché (torniamo all’inizio) non sono importanti.
Sono anzi spesso buoni prodotti, ben confezionati: e forse noi traduttori ce ne allontaniamo disgustati proprio perché non ci piace pensare che non tutti i libri con cui lavoriamo sono messaggeri di un cambiamento epocale, portatori di illuminazione per bodhisattva da biblioteca: a volte sono solo, appunto, un prodotto ben confezionato. Forse ci sembra che ammetterlo renda il nostro lavoro meno nobile. Ma di nuovo: io non ci trovo niente di poco nobile nell’accompagnare un non lettore nel mondo della lettura,  se anche per farlo dobbiamo immergerci nei TERRIBILI SEGRETI DEL VATICANO!!.
Questo post, insomma, è per tutti i colleghi che difendono il serial killer coprofago e il palazzinaro pelato, che portano in libreria i femminili, i thrilleroni, i bestselleroni, i giallacci e tutte quelle cose volatili e belle che non sembrano abbastanza importanti a chi comincia a lavorare, ma che a me, invece, col senno di poi, sembrano importantissime.

Traduire un document administratif : pourquoi faire appel à un traducteur assermenté ?

L’implantation de votre business à l’étranger soulève une multitude de questions auxquelles vous n’avez pas pensé auparavant. C’est tout à fait normal car l’internationalisation demande une organisation et une rigueur irréprochables. Au fur et à mesure de l’avancement de votre projet vous pourrez vous confronter à des démarches administratives qui nécessiteront l’intervention d’experts, notamment quant à la traduction de vos documents. En faisant un tour sur le web ou en demandant conseil à votre entourage, vous allez entendre des termes comme “traduction assermentée”, “traduction certifiée”, “traduction légale” ou encore “traduction jurée”. EAZYLANG vous a préparé un mini-guide pour vous aider dans les démarches d’officialisation de vos documents.

Pourquoi traduire un document administratif ?

Selon le pays d’implantation que vous visez, la langue peut être différente de la langue officielle de votre pays (ou même de l’alphabet). Par conséquent, toute démarche administrative entraînera la traduction de vos documents. Au-delà de vos documents d’état civil, d’autres besoins de traduction surgiront selon votre projet. Créer un partenariat, répondre à un appel d’offre, officialiser vos contrats – un traducteur assermenté doit intervenir pour rendre recevable la traduction de vos documents administratifs. Néanmoins, selon votre cas, la procédure d’officialisation peut entraîner encore plus d’étapes : EAZYLANG vous décrit les procédures clés et les cas spécifiques pour chacun d’entre eux.

〈 Astuce EAZYLANG 〉

En France, le statut de traducteur assermenté est attribué par la Cour d’Appel. Dans chaque pays, le système d’assermentation peut être différent. Par exemple en Allemagne, c’est Landgericht qui est en charge des traducteurs experts. Dans d’autres pays, c’est le Tribunal ou le Ministère des Affaires Étrangères qui nomme les traducteurs assermentés. Dans certains pays la notion de traduction assermentée (“sworn translator”) n’existe pas. Si vous résidez en dehors des frontières françaises, renseignez-vous auprès des autorités locales sur la législation en vigueur concernant l’officialisation de vos documents.

Si vous résidez en France et avez un doute sur les conditions spécifiques des autorités étrangères concernant la traduction de vos documents, ayez le réflexe de contacter le Consulat ou l’Ambassade du pays que vous visez. Il vaut mieux être informé au préalable des démarches à suivre car selon les destinations, les exigences peuvent être plus ou moins conséquentes, longues et coûteuses.

Traducteur assermenté : un expert dans son domaine

En France, le statut de traducteur assermenté est attribué par la Cour d’Appel. Un traducteur assermenté est donc un expert judiciaire. Il possède d’importantes connaissances en termes de linguistique, de terminologie et de législation. De même, le traducteur assermenté est soumis au secret professionnel afin de garantir la confidentialité des données et des informations. Étant officier ministériel, il suit un code de déontologie qui régit sa profession. Il appose son cachet et sa signature sur la traduction pour certifier sa conformité. La traduction devient alors “certifiée conforme à l’original” ou “officielle”. Au-delà de l’aspect légal, le traducteur assermenté doit également respecter une charte de qualité, notamment en termes de mise en page et de présentation de documents traduits.

La traduction assermentée

La traduction assermentée est une traduction réalisée par un traducteur expert judiciaire, dit “traducteur assermenté”. En France, quand il s’agit d’une traduction d’une langue étrangère vers le français, la traduction assermentée suffit pour être valable devant les autorités. La traduction assermentée est le seul type de traduction qui peut être recevable par l’administration française. En effet, seuls les traducteurs assermentés sont autorisés à traduire tous types de documents officiels, qu’ils soient juridiques ou administratifs.

En réalité “être assermenté” veut dire “avoir prêté serment en vue de l’exercice d’une mission, d’une fonction, d’une profession” – Larousse. Par conséquent on parle d’un “traducteur assermenté” car c’est une personne qui a prêté serment, donc logiquement le terme “assermenté” ne peut pas vraiment être employé pour une traduction. Néanmoins, c’est le terme qui est entré dans l’usage et c’est également celui qui est le plus utilisé pour désigner une traduction effectuée par un traducteur assermenté. C’est celui que vous allez entendre le plus et rencontrer le plus sur le web, mais aussi dans les agences de traduction spécialisées. Les termes précis donnés par le site officiel de l’administration française sont “traduction certifiée conforme à l’original” et “traduction officielle”. Parfois les termes “traduction agréée” ou “jurée” sont acceptés comme étant des synonymes. Cependant, pour faciliter la compréhension de cet ouvrage et s’adapter au langage courant nous utilisons le terme “traduction assermentée” dans notre écriture.

〈 Astuce EAZYLANG 〉

Au moment où vous vous apprêtez à faire traduire votre document, et surtout dans des cas d’urgence, pensez à un critère important : si vous devez faire traduire du français vers une langue étrangère, il est préférable de choisir un traducteur assermenté inscrit sur la liste des experts judiciaires de votre ville de résidence. La proximité géographique avec votre traducteur assermenté et avec sa Cour d’Appel de référence pourrait être utile pour faciliter vos démarches (notamment dans le cas ou il est nécessaire de présenter les originaux des documents auprès des instances administratives).

La certification

La certification est nécessaire si vous devez faire traduire vos document du français vers une langue étrangère. Elle désigne l’authentification de la signature du traducteur assermenté. Pour certifier la signature de votre traducteur assermenté, il est nécessaire de s’adresser à la mairie du lieu de résidence du traducteur assermenté, ou auprès d’un notaire (prestation souvent payante). La certification s’effectue afin de légaliser ou d’apostiller une traduction assermentée par la suite.

〈 Astuce EAZYLANG 〉

Une fois la traduction effectuée, le traducteur assermenté envoie le document traduit (signé et cacheté) par voie postale. Vous recevez toujours une version papier de votre traduction assermentée car le document n’est recevable par les autorités qu’en version originale.

Attention, certaines autorités étrangères exigent que le traducteur assermenté travaille à partir d’un document original en version papier afin de garantir l’exactitude des informations. Certains pays demandent également à ce que le traducteur assermenté appose sa signature et son cachet sur votre document original (selon le type de document).

Renseignez-vous auprès du Consulat ou de l’Ambassade du pays visé au sujet des exigences requises concernant les modalités de traduction.

La légalisation

La légalisation auprès du Ministère des Affaires Étrangères

Désormais votre traduction est assermentée et certifiée. Cependant, afin d’obtenir une valeur légale à l’étranger, votre document traduit doit maintenant être légalisé.

La légalisation intervient après l’étape de certification et se fait soit par courrier soit sur place au Ministère des Affaires Étrangères. La mission du Ministère des Affaires Étrangères est de valider la traduction assermentée puis de la transmettre au Consulat ou à l’Ambassade du pays que vous visez. Attention, certains pays exigent une double légalisation : il s’agit de celle des autorités françaises mais également de celles de leurs propres autorités consulaires.

〈 Astuce EAZYLANG 〉

Contactez le Bureau des Légalisations du Ministères des Affaires Étrangères ou le Service de l’Apostille de la Cour d’Appel de votre traducteur assermenté pour vous renseigner sur l’exigence de la légalisation du pays visé.

L’apostille

Certains pays n’exigent pas la légalisation d’un document auprès du Ministère des Affaires Étrangères. Pour rendre un document légal, parfois une apostille suffit. Dans ce cas, il faut présenter l’original et la traduction assermentée auprès de la Cour d’Appel de votre traducteur assermenté. Le service de l’Apostille reçoit vos documents afin de comparer la signature du traducteur assermenté qui a traduit votre document avec celle enregistrée dans le registre de traductions. Si la signature est identique, l’officier chargé de la légalisation appose un ultime tampon pour authentifier la signature du traducteur. Cela rend votre document “apostillé”.

〈 Astuce EAZYLANG 〉

Vous trouverez les informations nécessaires sur les pays supprimant l’exigence de la légalisation des actes publics étrangers en consultant La Convention de La Haye du 5 octobre 1961. Nommée également “Convention Apostille”, elle facilite la circulation des actes publics en remplaçant les formalités lourdes et coûteuses par la simple émission d’une apostille.

 

Cet article est disponible en version PDF. Pour télécharger le dossier gratuitement et y avoir accès en permanence, cliquez ici.

The Scientist in the Crib

Since becoming a parent, I’ve gotten even more interested in children, their language acquisition, and their development, so I recently read The Scientist in the Crib by Alison Gopnik, Andrew N. Meltzoff and Patricia K. Kuhl.

The book is about how children learn about the world and what we adults can learn from studying children, especially babies. There’s a chapter particularly about how children learn language. But what is actually involved in learning a tongue? “First, you have to break up the continuous stream of sounds into separate pieces and identify each sound accurately…Then you have to string the sounds together into words…Then you need to understand all the nuances of meaning each word can have…And, finally, you have to figure out something about the larger intent of the sentence.” (p. 92-3) Gopnik, Meltzoff and Kuhl call it “code-breaking” and say how challenging it is, but “most complicated of all, people speaking different languages hear sounds totally differently.” (p. 96)

But what does language do for us anyway? Well, ”the most obvious advantage of language is that it lets us communicate and coordinate our actions with other people in our group…The fact that we speak different languages also lets us differentiate between ourselves and others…And the development of language is probably linked to the development of our equally distinctive ability to learn about people and things. It allows us to take advantage of all the things that people before us have discovered about the world.” (p. 100)

Here’s how it works: “Babies master the sounds of their language first, and that makes the words easier to learn….Babies seem to learn some general rules about the words in their particular language before they learn the words themselves.” (p. 109) As parents, we need to talk to our babies often, especially in a slow and slightly exaggerated way, so they can hear the sounds and then start understanding the words.

If, like me, you hope your child will learn a language from a young age, when should you start? The earlier the better. “Children who learn a second language when they are very young, between three and seven years of age, perform like native speakers on various tests…If you learn a second language after puberty, there is no longer any correlation between your age and your linguistic skill…Early in development we are open to learn the prototypes of many different languages. But by the time we reach puberty, these mental representations of sounds are well formed and become more fixed, and that makes it more difficult to perceive the distinctions of a foreign language.” (p. 192-3)

 

The Scientist in the Crib is an interesting, if somewhat repetitive, book, and I recommend it to parents in particular.

¿’Nobel’ o ‘novel’?

En español tenemos dos palabras muy parecidas, pero que se diferencian por su significado, por su ortografía e incluso por su pronunciación: Nobel y novel.

Nobel es el apellido del químico sueco Alfred Nobel. Este señor pasó a la historia por inventar la dinamita. Si se hubiera quedado ahí, la cosa no hubiera ido a mayores, pero es que además tuvo la loable idea de destinar su fortuna a dotar unos premios internacionales que llevan su nombre: los Premios Nobel. Y ahí fue cuando este nombre propio pasó al vocabulario de todas las lenguas europeas, incluida la nuestra.

Empecemos por la ortografía. La expresión Premio Nobel se escribe con mayúscula porque las denominaciones oficiales de premios y condecoraciones lo requieren según nuestras normas ortográficas. Vamos a poner un ejemplo en un contexto:

(1) Este año han concedido el Premio Nobel de Economía a los estadounidenses William D. Nordhaus y Paul M. Romer.

Si nos comemos la palabra premio para abreviar, Nobel mantiene su mayúscula:

(2) Gabriel García Márquez recibió el Nobel de Literatura en 1982.

Te habrás dado cuenta de que también van en mayúscula Economía y Literatura en (1) y (2). Esto es así porque este premio tiene varias categorías y a cada una de ellas se le aplica también la mayúscula inicial.

Vamos a complicar ahora el asunto. A veces nos referimos a las personas ganadoras del Nobel utilizando esta misma palabra, que entonces deja de ser un apellido, deja de ser el nombre de un premio y se convierte en una denominación que aplicamos a una persona. Pues bien, en ese caso desaparece la mayúscula porque lo que tenemos es un nombre común:

(3) Hemos invitado al nobel de literatura de este año a nuestro programa. Le tendremos con nosotros la próxima semana.

En (3) estamos hablando de una persona a la que van a entrevistar en un programa de televisión o de radio. Como puedes comprobar, también literatura pasa a escribirse con minúscula en este caso.

El apellido Nobel en sueco es palabra aguda. Por eso en español se recomienda también que carguemos el golpe de voz en la última sílaba: [prémio nobél]. Esta es la recomendación, que es muy sensata; pero el hecho es que la variante llana [nóbel] está enormemente extendida. No deberíamos rasgarnos las vestiduras si lo oímos pronunciar así.

Y luego está el adjetivo novel, que se aplica a quien se está estrenando en alguna actividad, profesión, condición, etc. Podemos ser conductores noveles, profesoras noveles, padres noveles (o sea, novatos). Esta palabra se escribe con uve y es aguda. Por tanto, su pronunciación es [nobél] y coincide con la recomendada para el apellido sueco.

Sea como sea, no debemos confundir la denominación del premio (Nobel) con el adjetivo (novel).

Traduttori editoriali, 5 modi per aiutare la categoria

Che i traduttori facciano un lavoro importante è ormai cosa risaputa (o almeno lo è qui, dove la categoria gode di riconoscimento, apprezzamento e incensamenti continui e meritatissimi); e che senza i traduttori, nello specifico quelli editoriali, nessuno di noi sarebbe stato in grado di leggere e apprezzare i nostri libri stranieri preferiti, dalla saga dei Malaussène di Pennac ai classiconi come Anna Karenina, è ancora più ovvio.

Un’altra cosa che si sa è che, ahimé, per quanto indispensabile, la nostra categoria è spesso trascurata e bistrattata:il traduttore conduce un’ormai proverbiale vita agra di bianciardiana memoria, è sfruttato, sottopagato, cornuto e mazziato, è un cottimista dell’editoria e una creatura sempre in bilico tra carestia di stampo “Irlanda primi ‘900” e “bambino biafrano fine anni ‘80”.

Ma, sarà perché non ci piace piangerci addosso, qui non amiamo molto assecondare questa visione catastrofista e sciagurata delle cose: preferiamo, se possibile, fare ciò che possiamo per cambiarla. Quindi questa settimana abbiamo approfittato di alcune domande che ci sono arrivate da aspiranti colleghi per trovare risposta a una questione molto sentita: se è vero – com’è vero – che la vita, e il lavoro, dei traduttori editoriali sono tanto difficili e sventurati, cosa possiamo fare noi per migliorarli? Ovvero, esiste qualcosa che (da aspiranti traduttori editoriali, o da semplici lettori) possiamo fare per rendere la vita dei traduttori più facile e il mercato della traduzione editoriale più felice e proficuo sul lungo periodo? C’è un  modo per aiutare chi ci porta in casa i romanzi di Stephen King e la saga di Harry Potter, per fargli capire che il suo lavoro è per noi prezioso e per fare in modo che sempre più persone lo apprezzino e lo riconoscano?

Forse sì. O meglio, di cose ce ne sono venute in mente almeno cinque, ed eccole qui: se ci impegnassimo tutti a farne almeno una entro questa settimana, un sacco di traduttori riceverebbero una bella iniezione di autostima e un regalo di San Valentino anticipato:

1) Studiate il mercato e parlate solo se sapete di cosa state parlando
La prima raccomandazione è questa: semplicemente, informatevi. Il mondo dell’editoria non è esoterico quanto sembra a qualcuno, ma non è nemmeno elementare quanto sembra a qualcun altro. Ogni volta che un lettore rabbioso e sprovveduto stronca su Amazon una traduzione senza conoscere la lingua dell’originale o senza essersi preso la briga di controllare che la resa “legnosa e illeggibile” non corrispondesse in realtà a un originale già di suo legnoso e illeggibile, ogni volta che un aspirante traduttore si lamenta di non riuscire a entrare nel mercato rifiutandosi però di capire come funzioni davvero la filiera editoriale, ogni volta che un collega alle prime armi firma un contratto capestro aumentando il potere dei committenti truffaldini, una fatina muore. O se non altro, la categoria dei traduttori vive una battuta d’arresto che rende le sue condizioni di vita, e di lavoro, più complicate. Quindi, semplicemente, se volete aiutarci (e a maggior ragione se volete diventare anche voi un traduttore), studiate un pochino: noi, come molte altre realtà, siamo qui per aiutarvi. E per capire meglio come funzionano le cose, un passo alla volta e insieme.

2) Diffondete informazioni e siate costruttivi
Una volta che avete capito qualcosina di più, potete appuntarvi sul bavero la medaglia da Giovane Marmotta, e cominciare a diffondere il verbo. Lungi da noi chiedervi di trasformarvi in seguaci di Scientology o di assumere l’atteggiamento saccente dell’ex fumatore che ormai tormenta tutti con promesse di enfisemi fulminanti, ma di sicuro potete cominciare facendo una cosa buona e giusta: se qualcuno che conoscete dice una plateale baggianata, se un aspirante collega non sa dove trovare un’informazione indispensabile o è indeciso se firmare o meno un contratto contenente una clausola vessatoria, fatevi avanti. Con garbo e gentilezza, spiegate ciò che avete imparato, o fornite indicazioni utili su dove andare a cercare notizie più dettagliate: l’aspirante collega ve ne sarà grato, tutti saremo un po’ più consapevoli e il magico potere dei TraduttoriUniti© avrà sconfitto le tenebre dell’ignoranza una volta di più. Win-win-win, insomma.

3) Scrivete agli editori (nel bene e nel male)
Quante volte vi siete commossi leggendo un libro? Quante volte avete preso carta e penna (o tastiera e mouse) e avete scritto all’autore, o all’editore, complimentandovi per la pubblicazione di quel capolavoro? Bene, nella nostra opera di ricostruzione pro-traduttori è giunto il momento di farlo anche per chi quel libro ve l’ha portato in italiano. Se incontrate una traduzione particolarmente ben fatta, inviate una email all’editore e fategli i complimenti per aver scelto un bravo traduttore e avergli consentito di fare un buon lavoro. Se dopo sei volumi di una saga sentite che il traduttore è un po’ un vostro amico, ringraziatelo (sul vostro blog, o via email, o parlandone con gli amici o con vostra zia) per avervi regalato tante ore di pura gioia. Ovviamente anche la critica costruttiva fa bene alla categoria, non solo il complimento fine a se stesso: assicuratevi però che sia davvero doverosa, circostanziata, ben illustrata e non oziosa. Se scriverete a un editore per fargli notare una svista traduttiva o una strategia clamorosamente sbagliata, e se lo farete con tatto, vi sarà di sicuro riconoscente: se in un libro straordinario di 600 splendide pagine troverete un refuso e subito ne approfitterete per minacciare l’editore di bruciare il volume in un falò, all’unico scopo di fare il grammar nazi… ecco, be’, non fatelo. Risultereste simpatici come un’emorroide, e diciamoci la verità, chi aspira a una cosa simile?

4) Finanziate il nostro lavoro (se potete)
Se pensate che la più grossa sventura dei traduttori sia che non sono abbastanza pagati, avete ragione. E se volete aiutarci a cambiare le cose, partecipate alle nostre lotte (sindacali e non) per avere un maggior riconoscimento economico: firmate petizioni se vi capita di vederne, ospitate o scrivete articoli sull’argomento, fate in modo che quando esce un’intervista sul tema più persone possibile possano vederla, protestate vibratamente, magari addirittura boicottandoli, contro gli editori che sapete che non pagano a sufficienza i traduttori (e i collaboratori in genere). E se vi servite di un traduttore (anche non editoriale), pagatelo sempre il giusto. Riconoscete il valore di ciò che fa, e la sua straordinaria competenza lavorativa, nel modo più ovvio e banale che ci sia: con il corrispettivo in denaro che merita.

5) Fate i nomi!
La legge sul diritto d’autore obbliga chiunque nomini una traduzione italiana di un’opera scritta in un’altra lingua a citare il traduttore, esattamente come si cita l’autore e l’editore dell’opera stessa. Ahimé, quasi nessuno lo fa. Nemmeno nei giornali più famosi mancano i box e le recensioni in cui si riporta tutto di un libro (autore, editore, data di pubblicazione, numero di pagine, addirittura se la copertina è in brossura e rigida) tranne che la cosa forse più importante: il nome del traduttore, che quel libro lo ha reso accessibile al lettore italiano. Da oggi in poi, fatevi un punto d’onore di cambiare le cose: fate sempre i nomi dei traduttori dei libri di cui parlate, degli spezzoni di romanzo che riportate su Facebook, dei volumi che recensite sul vostro blog. E se qualcuno cita un libro, o un brano, tradotto in italiano, senza però dire che è l’autore della versione italiana, chiedete sempre, in un commento gentile e rispettoso: “Chi l’ha tradotto, questo, scusa?”. Farlo non cambierà le cose dall’oggi al domani, forse, ma possiamo garantirvi che il cuore di ogni traduttore che dovesse leggere quella domanda farebbe una capriola di gioia: e chi non vorrebbe far fare al cuore di qualcuno una capriola? Del resto, basta così poco…

La folie des anglicismes en entreprise

La semaine prochaine, nous allons aborder un sujet vraiment touchy ! Il faut donc organiser ASAP un brainstorming avec la team pour faire un visuel vraiment corporate et éviter le bad buzz. Je vous prépare un brief avec quelques screenshots. De votre côté, forwardez-moi un benchmark. Ajoutez ce projet à votre to do list et pensez à intégrer des KPI pour la partie social media. La deadline est fixée à jeudi prochain, juste après mon premier conf-call de la journée. Ça va être un vrai challenge !

Nous n’avons pas pu résister au plaisir de vous concocter un petit texte parsemé d’anglicismes ! Avez-vous réussi à le décrypter ? S’il est un peu caricatural et fait sourire, il n’est tout de même pas si loin de la réalité !

La loi Toubon impose depuis 1994 aux entreprises d’utiliser la langue française dans l’ensemble de leurs moyens de communication sur la voie publique. Les conversations (presque) bilingues au sein des entreprises sont quant à elles devenues banales.

En effet, des mots et expressions en anglais se glissent de plus en plus couramment dans nos conversations professionnelles. Volonté de paraître à la mode ou réelle utilité, nous vous laissons le soin d’en juger !

Que se passe-t-il chez nos voisins ?

En Espagne, la Real Academia Española* a décidé de lutter contre les anglicismes à travers deux campagnes publicitaires. Avec un ton humoristique, les campagnes jouent sur la non-compréhension de termes anglais, qui ne freinent pas pour autant l’engouement des consommateurs. Dans la première, le public espagnol est invité à acheter un parfum dont le nom est “Swine”, autrement dit, un parfum qui sent le cochon ! Dans la seconde, des lunettes “blind” sont proposées, leurs verres étant totalement opaques, appliquant à la lettre leur nom anglais, qui signifie “aveugle” en français. Ces deux produits ont été proposés gratuitement sur des sites internet dédiés, conçus spécialement pour l’opération. A travers cette campagne, la Real Academia Española a souhaité mettre en lumière le monopole grandissant de la langue anglaise qu’elle juge dangereux pour la préservation de la langue espagnole.

En Italie, une pétition a été mise en place à l’initiative de l’Accademia della Crusca**. Le hashtag “Dilloinitaliano” (“Dis-le en italien” en français) a fait son apparition sur les réseaux sociaux et la pétition a obtenu 70 000 signatures. Des experts ont également été désignés pour repérer les anglicismes régulièrement utilisés, notamment par l’Etat et proposer des équivalents en italien afin de tenter de freiner l’augmentation de l’utilisation de termes en anglais.

Anglicismes en entreprise

Les anglicismes actuellement à la mode en entreprise

Voici une liste de mots anglais que vous avez certainement déjà entendus au travail. La source étant intarissable et évolutive, cette liste n’est pas exhaustive.

ASAP : « as soon as possible », signifie « le plus rapidement possible »

Benchmark : analyse de l’environnement concurrentiel d’une entreprise ou des meilleures pratiques autour d’un sujet donné

Buzz : engouement autour d’un sujet, généralement sur internet

Bad buzz : mauvaise réaction massive du public, généralement sur internet, provoquée par une action qui ne plait pas ou choque

Branding : englobe tout ce qui se rapporte à la construction d’une image de marque (personnalité, valeurs, objectifs, promesse, éléments graphiques)

Brainstorming : réflexion en groupe autour d’un sujet pour en dégager des idées

Burn out : pathologie liée au mal-être au travail ; résulte d’une surcharge de travail qui devient ingérable et provoque un épuisement professionnel (troubles du sommeil, anxiété, maux de tête, etc.)

Brown out : pathologie liée au mal-être au travail ; correspond à la perte de sens au travail, liée à une activité ne correspondant pas aux aspirations du salarié, à ses qualifications ou aux missions initialement prévues

Bore out : pathologie liée au mal-être au travail ; provoqué par un ennui au travail dont les causes peuvent être variées (charge de travail insuffisante, tâches répétitives, missions peu intéressantes, isolement)

Brief : résumé des informations nécessaires et des éléments attendus pour la réalisation d’un projet

Debrief : compte-rendu suite à une mission, un événement, une action, etc.

Call, Conf-call : un appel téléphonique

Coworking : le fait d’utiliser un espace de travail partagé et d’encourager la création d’un réseau de professionnels

Challenger : défier quelqu’un de faire quelque chose ou d’atteindre un objectif

Corporate : adjectif utilisé pour désigner un employé très professionnel, dont l’attitude est en accord avec la culture de son entreprise

Dispatcher : répartir quelque chose équitablement

Deadline : date limite

Feedback : retour sur une action, une réunion, un évènement, etc. pour donner des informations complémentaires ou partager son avis

Forwarder : faire suivre ou transférer un document ou un message par email (par courrier électronique ou courriel si on supprime l’anglicisme !)

Freelance : personne exerçant une activité professionnelle de façon indépendante

Followers : nombre de fans sur les réseaux sociaux

IT : « Information and Technology », désigne le secteur de l’informatique

Input : éléments d’information donnés à une personne

Incentive : récompense accordée à un employé pour le motiver suite à un objectif atteint

KPI : « key performance indicators », signifie « indicateurs clés de performance » ; correspond à l’ensemble des éléments pris en compte pour évaluer l’efficacité d’une action ; le nombre de fans sur les réseaux sociaux, l’évolution du chiffre d’affaires, le taux d’ouverture d’une campagne emailing sont des exemples de KPI

Leadership : capacité à diriger des équipes

Mainstream : se dit de ce qui est courant et habituel, suivi par le grand public

Networker : élargir son réseau de contacts

Open-space : espace de travail décloisonné, regroupant l’ensemble ou la majorité des employés d’une entreprise

Overbooké : être surchargé de travail

Reporting : correspond au fait de générer des rapports réguliers sur une activité

Screenshot : capture d’écran

Switcher : échanger quelque chose par autre chose ou passer d’une solution (informatique) à une autre

Social media : englobe l’ensemble des réseaux sociaux

Touchy : sujet délicat, à aborder avec des pincettes

Trendy : à la mode

Team : équipe

To do list : liste des choses à faire

Team building : activités menées pour encourager l’esprit d’équipe

Uploader : mettre en ligne un fichier

Workshop : formation regroupant plusieurs collaborateurs sur un sujet spécifique

Avec ces explications, vous êtes à même de comprendre tout ce que vous entendrez dans la plus branchée des start-up.

Utiliser des termes anglais à la mode ou privilégier les échanges exclusivement en français, maintenant, c’est à vous de choisir !

N’hésitez pas à compléter la liste en commentaire si vous pensez à d’autres anglicismes utilisés en entreprise !


* Académie Royale Espagnole : institution dont la mission consiste à normaliser la langue espagnole

** Académie de la Crusca : académie constituée de savants et d’experts en linguistique et philologie italienne

Alphabetical

I like Michael Rosen’s work for children (I use The Sad Book in my children’s literature course at the university) and I’m always interested in what he has to say about language and lit. So I was excited to read his book, Alphabetical.

What a fun, interesting book! You can dip in and out and you can return to it, as there’s so much to learn from it. Sometimes it’s a bit random, as though you’re getting access to what’s going on in Rosen’s brain at any given moment. As he writes about the alphabet, topics range over the Rosetta Stone, nonsense, jokes, umlauts (he jokes about “adlauts”: umlauts used unnecessarily, especially in company names), fonts, and much more.

Here’s a typical example of how he gives history about each letter: “‘A’ starts its life in around 1800 BCE. Turn our modern ‘A’ upside down and you can see something of its original shape. Can you see an ox’s head with its horns sticking up in the air? If so, you can see the remains of this letter’s original name, ‘ox’, or ‘aleph’ on the ancient Semitic languages. By the time the Phoenicians are using it in around 1000 BCE it is lying on its side and looks more like a ‘K’. Speed-writing seems to have taken the diagonals through the upright, making it more like a horizontal form of our modern ‘A’ with the point on the left-hand side.” (p. 2)

But often the chapters go beyond the letter themselves. For example, K is for Korean and Rosen discusses the singer of the popular song ‘Gangnam Style’ as a way into looking at the Korean tongue. Korean is the “earliest known successful example of a sudden, conscious, total transformation  of a country’s writing.” (p. 163) In 1446, the king of Korea created a new alphabet (rather than using Chinese characters) because he was “saddened” that the people of his country couldn’t make themselves understood in writing. Rosen notes “I cannot think of anything in the world of alphabets more humane than that.” (p. 164)

Of course I was particularly interested in references to anything Scandinavian. Rosen mentions how a runestone from 1362 was found in the US in 1898, which seemed to prove that the Vikings had been in America. (p. 337) And he gives a list of some English words from Old Norse, which entered the English language when the Vikings came: “Anger, bag, bask, birth…rotten, rugged, run, skid…window, wing, wrong.” (p. 341)

 

Basically, this is a book can you return to many times. There’s so much information in it and it’s all fascinating.

Con pelos en la lengua

El pelo es una parte de nuestro cuerpo perfectamente superflua. Podemos eliminar todos los pelos que cubren nuestro cuerpo y no nos pasará absolutamente nada. Sin embargo, los seres humanos le atribuimos una gran importancia a la presencia (o ausencia) de estas fibras de queratina.

Esto se refleja en el vocabulario de nuestra lengua, en la que las palabras y expresiones relacionadas con el pelo ocupan una parcela nada desdeñable. A partir de pelo tenemos derivados como peludo o piloso. También hemos formado compuestos como terciopelo, que se llama así porque es una tela que se teje con tres pelos. Todos los tejidos se forman cruzando dos hilos sobre un plano. El tercer pelo del terciopelo es el que sobresale en vertical, el pelillo que añade una tercera dimensión al tejido y lo hace especialmente valioso.

La calvicie es un problema peliagudo (perdón por el contrasentido). Quien consiga por fin inventar un crecepelo, sin duda, echará buen pelo, o sea, aumentará su fortuna porque muchos pagarían lo que fuera por recuperar su cabellera. Mientras tanto, el único remedio es hacerse con una peluca. Esta palabra es en realidad un préstamo del francés perruque, pero nosotros la retocamos para acercarla a nuestro sustantivo pelo porque así nos parecía que tenía más sentido (y, efectivamente, lo tiene). El hermano pequeño de la peluca es el peluquín. Si te digo que ni hablar del peluquín, es que estoy rechazando tu propuesta. Espero que no te lo tomes a mal. Si te enfadas, más adelante echaremos pelillos a la mar, que es lo mismo que reconciliarse. Pero si sigues enfadado conmigo, lo más probable es que no te vuelva a ver el pelo (en este caso, una parte de tu cuerpo se utiliza para representar a toda tu persona).

No puedo olvidar el verbo pelar, que es ‘quitar el pelo’. Por eso quien está pelón o no tiene pelo o se lo ha rapado. Las peladillas son almendras recubiertas de una pasta blanca de azúcar que hace que parezcan una cabeza pelada. Horripilar, por su parte, es poner los pelos de punta (horreo significaba en latín ‘ponerse erecto’).

La expresión a pelo viene de la época en que nos transportábamos a lomos de caballerías. Montar a pelo era sentarse directamente sobre la pelambre del animal, es decir, sin silla. Hoy se utiliza esta fórmula para expresar que algo se hace sin ningún tipo de protección. Estar a pelo, en cambio, es estar desnudo, que es lo mismo que estar en pelota (picada). Esta pelota es un aumentativo de pelo, pero algún malpensado puso la palabra en plural (estar en pelotas) porque se imaginó alguna otra parte de nuestra anatomía. Más allá de esto, si alguien hace a pelo y a pluma, debemos entender que le gustan tanto los hombres como las mujeres. Vamos, que es bisexual. A contrapelo es ir contra la inclinación natural del pelo. Puede ser muy molesto si nos estamos afeitando. En sentido figurado lo utilizamos para hablar de todo lo que violenta la naturaleza de algo. Quitarse el pelo de la dehesa es librarse de la condición rústica. Para ello es muy recomendable viajar (que no es lo mismo que hacer turismo).

Como ves, cuando me suelto el pelo (cuando actúo de forma desinhibida), es que no tengo pelos en la lengua: digo sin reparo todo lo que me apetece. Me gusta describir nuestro idioma con pelos y señales, que es hacerlo minuciosamente, con todo lujo de detalles. Pero no te creas que te estoy tomando el pelo. Lo último que querría es burlarme de ti porque tú no tienes un pelo de tonto y a mí, por tanto, se me podría caer el pelo: podría recibir un castigo o una regañina por mi mal proceder.

Yo soy un hombre de pelo en pecho y, por tanto, no escribo artículos de medio pelo, que en este caso serían artículos mediocres y de poca importancia. Ya, ya sé que esto último ha estado un poco traído por los pelos y por eso me voy a detener aquí.